Es muy difícil describir los síntomas de las enfermedades del alma. Cuando tu cuerpo se enferma, no es tan complicado decir: "Me duele aquí","siento rasposa la garganta", "me siento mareado". Estamos acostumbrados a explicar dolores físicos, todo el mundo ha pasado al menos una vez por una gripe o se ha cortado con papel o algo similar.
Cuando te enfermas del alma, ni siquiera tú lo sabes. Al contrario de un mal físico, nadie tiene los mismos síntomas que su prójimo, aún cuando la dolencia sea la misma. Y al menos en mi caso, no logras describir los síntomas hasta que ya se te pasaron, o cuando al menos ya su azote está más o menos mermado. Uno se queda atrapado en el segundo en el que la "dolencia" se adueñó de su persona, por más que vea los días pasar o espere hasta después de la medianoche para poder dormir en paz, luego de cerciorarse de que sigue con vida y que el mundo sigue en su lugar.
Me quedé atrapada en un punto muerto, entre el pasado y el futuro, que sin embargo tampoco era el presente. No lograba pensar en mi pasado sin contaminarlo de miedo y no podía visualizar un futuro libre de tragedias. Ahora soy capaz de volver al aquí y ahora, pero confieso que todavía algunos de esos pensamientos de pánico siguen intentando taladrarme el cerebro. Ni siquiera vienen de ningún lado, sólo se quedaron rezagados y se niegan a irse, como el cochambre viejo de la estufa. Aunado a eso, sentía que si algo en mi entorno se movía un poco se desequilibraría el mundo (sólo así lo puedo describir) o que si yo me movía de mi lugar desencadenaría una tragedia contra mis seres amados. Tenía un miedo a dañar insoportable. Siempre lo he tenido en realidad, pero debido al colapso se magnificó a niveles absurdos.
A veces imagino a la Soldado enfrentarse a ellos. Suelen imitar su forma, pero en lugar de verse como una hermosa guerrera de armadura azul, se ven como una versión monstruosa y herida de mí. Una y otra vez se baten en retirada, para regresar al día siguiente. Ella les da batalla sin cansarse ni ensuciar su armadura; en su lugar yo me muero de cansancio. Porque de todos modos, ella es yo. Aunque sé que al final volveré a ganar y volverán al sórdido rincón de olvido al que pertenecen, y a pesar de que llevo ya considerable ventaja, la verdad es que hay momentos en los que no sé de dónde saco fuerzas.
Las pesadillas terminaron por fin, el problema son -aún- mis horas conscientes. La primera vez que ocurrió, mi único consuelo era recostarme en el suelo hasta que más o menos se pasara. Conservo esta práctica, pero sólo al alcanzar puntos álgidos y cuando no supone un problema para mí o los demás. Imagino que dicho remedio está inconscientemente ligado a la conexión que como seres vivos, tenemos con la tierra. Hace mucho que no me he dado el lujo de recostarme sobre el pasto fresco, que de alguna manera es lo que mi cuerpo y mente piden a gritos en estos días oscuros.
Por lo pronto, me refugio en mi familia. En el amor. En las hojas de un colega -Ruíz Zafón- para rescatar las pasiones que emprendieron fuga al iniciar esta guerra contra mi parte más oscura. Retomo con tiento la vida común, que no normal -qué flojera ser normal, diría mi Hombre Ilustrado. Me curo con música y silencios, y me armo de valor todos los días para seguir ganando terreno a esa "dolencia" que hace que mi alma duela y mi mente se agote.
Porque lo malo, aunque parezca más fuerte que nosotros, está siempre destinado a fenecer.
Cuentos, poemas, pensamientos poco ortodoxos y sirenas. Soy una escritora que se inyecta imaginación para no morir de realidad.
viernes, 18 de noviembre de 2016
lunes, 24 de octubre de 2016
Prrr...
Te
dijeron todo el tiempo que no fueras a esa casa. Una y otra vez te
hicieron advertencias y amenazas: no hay nadie ahí, la dueña estaba
vieja y
loca, se la comieron sus gatos; es un lugar peligroso y te puede
pasar algo -no importa qué, pero algo malo. Absurdo, pero por mucho
tiempo había surtido su efecto en el nervio de tus miedos.
Ahora,
la rebeldía es una dama seductora, y no te resistes a echar un
vistazo a esa casa semidestruida. Después de todo, eres joven y
fuerte, y por lo menos crees que eres inteligente. Nada podría
detenerte.
A
pesar de ser mediodía, sigue siendo un lugar espeluznante de ver.
Dos pisos de madera semipodrida, con las ventanas rotas y la
pintura levantada; el techo casi sin tejas. Alrededor, maleza y
hierbajos creciendo sin control. Ninguna reja separa el caótico
conjunto del resto del mundo, del resto de las casas que se
encuentran en mucho mejor estado.
Por
toda la maleza, hay gatos. Restregándose en la hierba, en el éxtasis
de la nébeda, o sentados sin mover un solo pelo, contemplándote.
Esos gatos son lo que de verdad te pone los pelos de punta. Sus
extraños ojos amarillos siguen tus movimientos sin desviar la mirada
ni un segundo, te ven cruzar el paso pavimentado, polvoriento y cubierto de hojas secas, hasta la entrada. Te toma un minuto apenas, un minuto que esas miradas amarillas hacen sentir eterno. En un intento por ignorarlos, tanteas el marco de la
puerta en busca de una llave. Pronto das con ella, y volteas a ver a
los gatos con una mirada de triunfo, mientras accionas la cerradura y
abres la puerta.
Uno
de los gatos te sonríe. El conocimiento de que eso es una sonrisa te
congela la sangre en las venas, así que entras rápidamente para no
enfrentarla.
Si
el exterior es desagradable, el interior es la clara ilustración de
la ruina. Nada más entrar, tu sentido del olfato recibe un golpe
directo: la casa entera huele a orina y descomposición. Los muebles
están arañados y rotos, así como varios objetos que en algún
punto pertenecieron a las repisas. Polvo, tierra, basura, las paredes
mohosas y con el tapiz hecho garras. Hay vidrios de ventana por todo
el piso, pero a pesar de que nada las obstruye,
apenas entra un rayo de luz por ellas.
A
cada paso aplastas pequeños esqueletos y cadáveres mordisqueados de
pájaros, lagartijas, y otras alimañas. Incluso cadáveres de otros
gatos. Uno de ellos, el que se ve mas reciente, quedó hecho un
ovillo en un sillón de destruido terciopelo, como si la muerte le
hubiera llegado durante el sueño.
A
donde miras, las imágenes son cada una más nauseabunda que la otra.
La verdad te quieres ir, pero la curiosidad por ver hasta el último
rincón de ese apestoso mausoleo es mucho más fuerte, y decides
continuar. Luego de inspeccionar a fondo el primer piso y confirmar
que todo está igual de podrido, subes las escaleras de caracol. Los
escalones crujen y gimen a tu paso, y ves asomarse desde el piso de
arriba más ojos amarillos que te miran con clara expectativa.
Por
mirarlos, no reparas a tiempo en el escalón partido donde te apoyas,
justo a la mitad del camino. La tabla se rompe bajo tu pie,
despidiendo un olor fétido y hundiéndote hasta la rodilla. Cuando
sacas la pierna, encuentras en el hueco oscuro otro par de
refulgentes ojos felinos que te observan.
Quieren enloquecerte. Lo sabes. Y tú quieres
huir, pero te niegas a que te tomen por cobarde, y te sobrepones al
sentido común. Y corres escaleras arriba.
Al
abrirlos, todos los cuartos están vacíos a primera vista. Y todos
presentan el mismo lamentable estado del piso inferior, con el plus
de que bajo las camas orinadas y desde los armarios se abren más de
esos horribles ojos.
Escuchas
un rechinido, y un maullido ronco te hace voltear: el gato que te
sonrió en el jardín está ahí. Sentado, mirándote. Es un gato
blanco, precioso; el único con el pelaje bien cuidado. En otras
circunstancias le rascarías el mentón, pero ahora mismo, mientras
te mira como una esfinge y vuelve a sonreír, lo único que quieres
es que se aleje de tí.
Pero
el gato se levanta y camina hacia tí, acechándote como lo haría un
tigre. No sabes cómo, pero es consciente del horrible poder que
tiene sobre tu alma. Sabe que por más que lo desees, no puedes patearlo ni asustarlo.
Retrocedes andando de espaldas, con el corazón
latiendo y sudor frío corriéndote por el cuerpo. Cuando topas con
la pared, el gato se detiene, deja de mirarte y da la vuelta en el
pasillo, hacia la última puerta, la única que no está totalmente
cerrada. Entra a través de la abertura, sin apenas moverla.
De
pronto, escuchas un sonido espantoso, que proviene de esa misma
habitación. Una mezcla entre un maullido, un graznido y un grito
humano, que resuena potente en todo el pasillo y te eriza la piel y
los pelos de la nuca.
Un
torrente de maullidos llega detrás de tí, y de pronto todos los
gatos de la casa entran por el estrecho pasillo, arañándote la ropa
y mordiéndote las piernas en el camino. Algunos incluso se trepan a
tu espalda, clavándote sus garras. Te los arrancas como puedes,
sintiendo el agudo dolor de sus uñas destrozándote la piel, y los
arrojas lejos. A uno lo estrellas contra la puerta entreabierta, que
se abre con violencia, mostrando una oscuridad escalofriante, y solo
cuando la última cola crispada es tragada por la sombra te atreves a
entrar.
Y
ahí está. Tan irreal como su leyenda. Pero tan real...
Es
un ser inaudito. Toda su piel amarillenta está mordisqueada y
arañada; con varios pedazos ausentes. Sus orejas, que sobresalen
bajo sus largos, lacios y grasientos cabellos negros, tomaron una
forma puntiaguda y larga. Sus manos mordidas y flacas acaban en
garras filosas y asquerosas, de un color sucio y repugnante; su nariz
larga y respingada lo huele todo y se alza hacia el cielo para abarcar
cada nota de olor distinta del orín y la porquería habitual. Sus
delgados labios secos entreabiertos muestran dientes amarillos y
putrefactos. Todo su inmundo conjunto está envuelto en lo que antes
fuera un lujoso abrigo de piel, pero que ahora es un aún más
inmundo pelaje falso del color de la suciedad, con costras de
porquería y huesos de animales pequeños.
Los
gatos corren a su alrededor, trepándose por su falso pelaje, algunos
ronroneando y otros emitiendo el chillido ronco de los suyos. Varios
dejan a sus pies más ofrendas de pájaros muertos. Sobre su hombro,
el gato blanco te mira, ya sin sonreír.
Ella
reconoce al fin el olor extraño, y abre los ojos. Espantosos ojos
sin pestañas, ojos amarillos con las pupilas verticales. Horribles
ojos a los que sin embargo, no puedes dejar de ver. En su horror son
hipnóticos, y te han capturado.
De
su garganta emerge el grito-maullido de minutos antes. Tu piel se
eriza de nuevo y esta vez caes en la cuenta de que es demasiado tarde
para escuchar al sentido común: ese maullido infrahumano es más que
eso, es un grito de guerra...
Echas
a correr, perseguido por ellos. Con sus horribles maullidos detrás
de tí. Debes salir de ahí a toda costa. Bajas de dos en dos las
escaleras, olvidándote por completo del hueco que dejaste al subir.
Te atoras de nuevo y esta vez escuchas y sientes tus huesos tronarse
y desgarrar la piel de la pierna. El dolor, olor y sensación de tu
sangre borboteando termina con tu cordura, y tratas de levantarte y
huir, aunque sea a rastras. Pero tu lucha te arranca a tí y a tu
pierna fracturada del agujero, haciéndote estrellarte con el
barandal y hacerlo trizas también.
La
aparatosa caída te fractura la columna vertebral. Ahora yaces en el
suelo, sin poderte mover, con la cabeza girada hacia el sillón de
terciopelo donde yace el gato muerto.
Debajo del mismo ves algo que
antes no viste, y que ahora no es más que una advertencia tardía de
lo que te espera.
Y
entonces, sientes las patas sobre tí.
Tus
gritos no sobrepasan el jardín.
Los gatos, drogados de nébeda, dejan de retorcerse sobre el pastizal y entran a la casa relamiéndose los bigotes.
jueves, 20 de octubre de 2016
Oscar de la Renta y el suspiro que es la vida
Esta nota se publicó en el periódico donde yo trabajaba, un día después del fallecimiento del genio de la moda. Yo había preparado su reseña pero un compañero me ganó; no obstante, surgió este pequeño ensayo que, en su segundo aniversario luctuoso, comparto con ustedes.
(Publicación original: 21 de octubre de 2014)
Esta
mañana se dio a conocer la lamentable pérdida del genio de la Alta
Costura, Oscar dela Renta. En las próximas 24 horas, las redes se
llenaran de frases robadas de entrevistas suyas, y puede que fotos
acompañadas de palabras que el diseñador jamás dijo. O bien,
memes, que parece que ya no conocemos otra forma de comunicación.
Todos
los años, perdemos figuras importantes e imponentes como el
diseñador, el fundador de Apple, Steve Jobs, o el actor Robin
Williams, quienes han marcado generaciones con su trabajo. Sin
embargo también hemos perdido figuras como la bailarina
contemporánea Guillermina Bravo y los escritores Ray Bradbury y José
Emilio Pacheco, de quienes nadie se acordó hasta que fallecieron. Y
puede que ni así.
¿Porqué
tenemos esta manía? No los recordamos ni apreciamos hasta que ya no
pueden crear, ni bailar, ni convivir entre nosotros. Al parecer la
muerte nos infecta con un morbo insano, con la repentina necesidad de
llenarnos y saber qué "fue" de sus vidas y no el qué
"es".
Y
no sólo nos pasa con personas de fama y reconocimiento: nos puede
llegar a pasar hasta con nuestros seres queridos. Hay familiares a
los que no volvemos a ver hasta que tenemos qué… y para entonces
ya están rodeados de crisantemos en un recinto funerario. O si ellos
tienen suerte, en su lecho de muerte, cuando ya apenas pueden
sonreír, y deben tolerar lágrimas y 'hubieras' que no recuperan el
tiempo perdido.
Tenemos próximo el Día de Muertos, el día que dedicamos por entero a todos los que se nos fueron. ¿Cuántos días les dedicamos mientras aún están aquí? ¿Cuántas veces nos detenemos a decir un "te amo"? ¿A tomar un café? ¿A preguntar "¿cómo estás?"?
Hay historias de personas que pierden al amor de su vida sin que este sepa que lo es. Hijos que no agradecen los consejos de papá y mamá hasta que ya no están para darlos. Maestros que no reciben un respeto de sus discípulos hasta que se les dedica algún homenaje póstumo. Y a veces no les dedicamos nada hasta que lo publicamos en Facebook. O twitter. Como si hubiera Wi-Fi en el más allá (con todo respeto, no mamen).
Epitafios de "Gran mujer, madre y amiga" o "un hombre excepcional y amable", rondan por las redes todos los días. Hay muros de personas fallecidas que no tuvieron comentario alguno hasta el día del funeral. Con todas esas palabras que la persona nunca escuchó de quienes más quería. Y en el peor de los casos, todas esas palabras no dichas pudieron haber salvado su vida.
Y ya no digamos palabras: hechos. Un abrazo, un beso, un cariño, hasta una palmada en el hombro. ¿Cuántas veces al día abrazas a alguien? ¿Cuántas veces felicitas a tus colegas o empleados por algo bien logrado, incluso por un día sin incidentes graves? Porque el afecto y el respeto se necesitan en todos los niveles. ¿Hace cuánto no le rascas la panza a tu mascota? ¿Has hablado con tus hijos, con tus padres? ¿Te detuviste a disfrutar ese beso de despedida que te dio tu pareja esta mañana?
¿De veras quieres esperar a ya no poder hacerlo?
Tenemos próximo el Día de Muertos, el día que dedicamos por entero a todos los que se nos fueron. ¿Cuántos días les dedicamos mientras aún están aquí? ¿Cuántas veces nos detenemos a decir un "te amo"? ¿A tomar un café? ¿A preguntar "¿cómo estás?"?
Hay historias de personas que pierden al amor de su vida sin que este sepa que lo es. Hijos que no agradecen los consejos de papá y mamá hasta que ya no están para darlos. Maestros que no reciben un respeto de sus discípulos hasta que se les dedica algún homenaje póstumo. Y a veces no les dedicamos nada hasta que lo publicamos en Facebook. O twitter. Como si hubiera Wi-Fi en el más allá (con todo respeto, no mamen).
Epitafios de "Gran mujer, madre y amiga" o "un hombre excepcional y amable", rondan por las redes todos los días. Hay muros de personas fallecidas que no tuvieron comentario alguno hasta el día del funeral. Con todas esas palabras que la persona nunca escuchó de quienes más quería. Y en el peor de los casos, todas esas palabras no dichas pudieron haber salvado su vida.
Y ya no digamos palabras: hechos. Un abrazo, un beso, un cariño, hasta una palmada en el hombro. ¿Cuántas veces al día abrazas a alguien? ¿Cuántas veces felicitas a tus colegas o empleados por algo bien logrado, incluso por un día sin incidentes graves? Porque el afecto y el respeto se necesitan en todos los niveles. ¿Hace cuánto no le rascas la panza a tu mascota? ¿Has hablado con tus hijos, con tus padres? ¿Te detuviste a disfrutar ese beso de despedida que te dio tu pareja esta mañana?
¿De veras quieres esperar a ya no poder hacerlo?
lunes, 19 de septiembre de 2016
Love will tear us apart (english version)
Quick explanation, I got sick. Nerve sick. But I'm back in the game. Again, sorry for mistranslation.
-There is something the ones like you will never understand, 'til fall in love. Or 'til they become someone like me.
-What is it?
-No heartbeat is the same. No matter if it is in pain, in fear, mad, or even in love and joy, heartbeat always keeps a proper and unique rythm, that makes the difference among the others. I could easily find you in a crowd, just for the beating of your heart.
-Have you ever fell in love? Or do you preffer one-night-stands?
-Yeah, right, make fun on the elder...
-So?
-Well... yes, I admit I had lots of lovers, beautiful lovers. But in all my years, in all this endless come and go, I only fell in love once.
-How was her?
-Why do you assume it was a woman?
-But you said...
-So?
-Alright, alright, I'm sorry... ok, how was... him?
-Thin, like a finger. With intense and limpid looks. He was a musician, a 70's punk. A tortured soul.
-Did he knew?
-Nah. I wasn't his kind, he was not into guys. Sad, huh? My one and only love and he wouldn't ever love me back.
-But I guess you could come closer...
-Oh, yeah. We were friends, although I guess he thought I was... I don't know, an imaginary friend, or an allucination. He was not ok, you know? he had mind issues.
-What happened?
-He got married, had a family. And then he blew it up with some Annik.
-...no way.
-What?
-It wasn't HIM. It couldn't.
-Why not? Who can rule over the heart? Over the feelings? Nobody can keep the line over that, not even our own. Even someone like me.
-Where did you meet him?
-Brusels. I met him there, I... I don't remember why I was there; he was going to met his favorite writer, a beatnik or some crap like that. That fucker totally mistreated him... I was so mad, I wanted to kill him, you know I could... but then I saw him, so sad about it... I couldn't leave him alone. Except fot that pedantic sucker, he was into the same authors I love. Since then, I wrote him letters, phonecalled, visits, I made everything to keep in touch with him.
-What did you love the most of him?
-His gloom. His anger. The intense darkness his soul exuded. I loved his eyes, so clear and beautiful. His poetry, oh my... I could've give anything for him to write me at least one song. To be a part of his creations. His heartbeat, even his heartbeat was charged on that pain, that sorrow that got me so crazy, so lost. So alive. I think that's mainly what I miss.
-Did you really never tell him?
-No way, he might have hated me... but... if I've done... maybe he could be still alive. I still remember that weekend. I saw him after he talked to both of the gals. He was devastated, he really wanted to end up the trouble he was in. Annik put an ultimatum: His family or her. What kind of person does that?
-Yeah, well... that was not nice. And then?
-I don't want...
-I think you should. I mean, I've not lived as long as you but... It hurts you, I can see it.
-...
-Please.
-Well, he told me that. He was forbidden to see Nat, had a crisis and then the ultimátum. I was about to confess; that was the reason I was there, but... I thought it would only get it worse. I just let him unburd. I couldn't say anything. I just... hugged him. It was the only urge I allowed to myself the whole time I knew him. I embraced him to be close to the furious heartbeat I loved, even if it was only once. I'll never know if he noticed there's no sound in my chest.
-And then?
-I ran away, without a word.
-Why you say he could be still alive?
-Call it guilt if you want. But if I'd told him maybe we'd fought all night long. He'd never seen that fucking movie, or take the ropes to the kitchen. I could have bought him at least one more day, even if he never wanted to see me again. ... I loved him so much... just knowing he's still alive could be enough for me, you know? to be joyfull for the rest of my life...
-...
-I knew he was dead 'cause I felt it, Suddenly the world became silent. I couldn't hear his heartbeat anymore. His sad music. I wish I got there before Deb. Or take his life on my own, if I knew there was no step back. His blood would still run through my veins, I'd have in my system his feelings and thoughts forever. I could see how he saw me. What he really thought about us. But when I could finally look for him, his body was gone. And when I found him at the morgue, he was already cold, and his blood was fully clotted. All I got is the tombstone I stole. And one of his notebooks.
-Why you didn't turn him, I mean, like you? You never thought that?
-Everyday. But I was afraid of it. This is no cure, even less to the kind of pain he was suffering, I could've doomed him. There are so many like me that still bear the aches of their former existence,and other ones that only got compounded their misery. I never wanted him to suffer it, only because I was a selfish lover.
-You'd have done the world a favor...
-Maybe. Maybe not. I really loved him. And when you live as long as me, you reach a point where love has no room for selfishness. Besides, you don't know if that could've been a favor. Look at all those musicians that are still alive and haven't done anything good again.
-Touché
-...
-You think you will find someone like him again?
-If I do I'll tell you.
-Me? Why?
-I like you. And I trust you.
-I think it's something else.
-Perhaps. Now I must go.
-Sunrise?
-Yep. And I'm feeling thirsty, if you know what I mean.
-Ok, then... see you soon. I hope.
-Good night, my dear.
miércoles, 14 de septiembre de 2016
Sin título
Me gustaría decir que no he publicado debido a que la he pasado bomba, me gustaría decir que he tenido mucha tarea o mucho trabajo. Me gustaría decir que no he escrito nada porque he estado fabulosamente ocupada, pero estaría mintiendo.
No he escrito ni una línea en este blog porque, una vez más, sufrí un colapso nervioso.
Fue debido a un "fabuloso" combo de estrés acumulado por mi proceso de admisión, varios pequeños problemas que se juntaron, una fuerte crisis de fe y cosas desagradables que me mandaron en Facebook -que me llevaron a cerrar mis dos cuentas, y no las pienso reabrir en un buen rato- y que se detonó el día que recibí mis resultados, los cuales ya no importan pues por salud mental me veo en la obligación de dejar ir, por lo menos, esa carrera.
¿Porqué digo "una vez más"? Por que ya lo viví antes, hace 6 años. Pasé 3 meses horrendos, con ataques de pánico y falta de sueño. Las razones fueron distintas, pero el miedo es el mismo. Si tuviera que elegir entre volver a vivirlo tal como fue y enfrentar a una horda de demonios con sólo una navaja, elijo la horda. En serio.
Pero la ventaja de enfrentarse dos veces con el mismo monstruo es que en la segunda vuelta ya sabes dónde pegarle y dónde no. La primera vez estuve tan aterrada y confundida que no supe a quién pedir ayuda. O si pedir ayuda. Me dejé arrastrar por la locura hasta que mi familia se dio cuenta de que algo andaba mal, para lo cual pasó mes y medio, y el siguiente mes y medio lo pasé viendo doctores, psicólogos y hasta un chamán (no es broma) hasta que un día el miedo se marchó tan repentinamente como había llegado. Y aún un tiempo estuve todavía con momentos difíciles.
La semana pasada se cumplió un mes del segundo ataque de pánico. Esta vez, pedí ayuda antes de que me volviera a arrastrar, me acerqué a mi familia, a mis amigos; retomé proyectos que estaban pendientes para mantener mi mente ocupada. Volví a acercarme a Dios, lo que sorpresivamente me dio la paz que había perdido, y digo "sorpresivamente" porque por casi 5 años y a escondidas me mantuve en un camino diferente, y tuve que aprender a patadas que no era el mío.
El día de hoy por fin me siento mejor. No puedo decir que estoy curada, pero sí mucho mejor.
Comparto esto porque sé que no soy la única persona que lo ha pasado mal por un estado mental. O por un mal que no se sabe de dónde viene (así fue la primera vez) y por lo cual no se sabe a quién acudir. Una persona muy querida lo sufrió casi toda su vida, y sólo ahora, después de sufrir por años y que ya no puede vivir por su cuenta, descubrió que no era su culpa, sino un problema físico que no se atendió a tiempo.
Hay personas que sufren enfermedades y no lo saben. Hay personas que aún se culpan por cosas que en realidad no tenían nada que ver con ellas, y esa culpa les enferma. Tenemos la mala costumbre de minimizar lo que nos hace sentir mal (sólo me duele cuando río / sólo estoy un poco triste/estresado/molesto) y cuando decidimos atender el problema, sea físico o mental, ya es tarde. O no es tarde, pero se requieren medidas muy drásticas, y hasta traumáticas.
Y no se trata de eso. No somos invulnerables, aunque nos guste pensar lo contrario. Todos tenemos un punto de quiebre, un límite de fuerzas que al rebasarlo nos lleva al malestar, a la enfermedad, a la locura incluso. Y no estamos hechos de piedra ni de palo para andar de "duros" por la vida -y vamos, hasta las piedras sienten. Lo he dicho antes y lo diré de nuevo: no tenemos que hacerlo todo solos. Siempre antes de llegar tan lejos, hay que detenerse. Pedir apoyo. Reconsiderar si seguimos aguantando o si es hora de soltar.
No he escrito ni una línea en este blog porque, una vez más, sufrí un colapso nervioso.
Fue debido a un "fabuloso" combo de estrés acumulado por mi proceso de admisión, varios pequeños problemas que se juntaron, una fuerte crisis de fe y cosas desagradables que me mandaron en Facebook -que me llevaron a cerrar mis dos cuentas, y no las pienso reabrir en un buen rato- y que se detonó el día que recibí mis resultados, los cuales ya no importan pues por salud mental me veo en la obligación de dejar ir, por lo menos, esa carrera.
¿Porqué digo "una vez más"? Por que ya lo viví antes, hace 6 años. Pasé 3 meses horrendos, con ataques de pánico y falta de sueño. Las razones fueron distintas, pero el miedo es el mismo. Si tuviera que elegir entre volver a vivirlo tal como fue y enfrentar a una horda de demonios con sólo una navaja, elijo la horda. En serio.
Pero la ventaja de enfrentarse dos veces con el mismo monstruo es que en la segunda vuelta ya sabes dónde pegarle y dónde no. La primera vez estuve tan aterrada y confundida que no supe a quién pedir ayuda. O si pedir ayuda. Me dejé arrastrar por la locura hasta que mi familia se dio cuenta de que algo andaba mal, para lo cual pasó mes y medio, y el siguiente mes y medio lo pasé viendo doctores, psicólogos y hasta un chamán (no es broma) hasta que un día el miedo se marchó tan repentinamente como había llegado. Y aún un tiempo estuve todavía con momentos difíciles.
La semana pasada se cumplió un mes del segundo ataque de pánico. Esta vez, pedí ayuda antes de que me volviera a arrastrar, me acerqué a mi familia, a mis amigos; retomé proyectos que estaban pendientes para mantener mi mente ocupada. Volví a acercarme a Dios, lo que sorpresivamente me dio la paz que había perdido, y digo "sorpresivamente" porque por casi 5 años y a escondidas me mantuve en un camino diferente, y tuve que aprender a patadas que no era el mío.
El día de hoy por fin me siento mejor. No puedo decir que estoy curada, pero sí mucho mejor.
Comparto esto porque sé que no soy la única persona que lo ha pasado mal por un estado mental. O por un mal que no se sabe de dónde viene (así fue la primera vez) y por lo cual no se sabe a quién acudir. Una persona muy querida lo sufrió casi toda su vida, y sólo ahora, después de sufrir por años y que ya no puede vivir por su cuenta, descubrió que no era su culpa, sino un problema físico que no se atendió a tiempo.
Hay personas que sufren enfermedades y no lo saben. Hay personas que aún se culpan por cosas que en realidad no tenían nada que ver con ellas, y esa culpa les enferma. Tenemos la mala costumbre de minimizar lo que nos hace sentir mal (sólo me duele cuando río / sólo estoy un poco triste/estresado/molesto) y cuando decidimos atender el problema, sea físico o mental, ya es tarde. O no es tarde, pero se requieren medidas muy drásticas, y hasta traumáticas.
Y no se trata de eso. No somos invulnerables, aunque nos guste pensar lo contrario. Todos tenemos un punto de quiebre, un límite de fuerzas que al rebasarlo nos lleva al malestar, a la enfermedad, a la locura incluso. Y no estamos hechos de piedra ni de palo para andar de "duros" por la vida -y vamos, hasta las piedras sienten. Lo he dicho antes y lo diré de nuevo: no tenemos que hacerlo todo solos. Siempre antes de llegar tan lejos, hay que detenerse. Pedir apoyo. Reconsiderar si seguimos aguantando o si es hora de soltar.
lunes, 18 de julio de 2016
Fire! (english)
Original in spanish
(I don't know why, but Emilie Autumn sounds like a perfect soundtrack for this one - look below)
His nature demands destruction. Just like that, he doesn't know another life. His body is a composition of whatever is the nearest, anything that can burn at its touch. His breath is oxigen and gas. His presence has the strangest and most different effects in every creature. In the blue and orange attire, he is welcome, even necessary. He is invoked with the burning and heavy gunpowder perfume.
But when he comes by himself, dressed in red and gold, he ignites Fear and Hate in human souls.
(I don't know why, but Emilie Autumn sounds like a perfect soundtrack for this one - look below)
His nature demands destruction. Just like that, he doesn't know another life. His body is a composition of whatever is the nearest, anything that can burn at its touch. His breath is oxigen and gas. His presence has the strangest and most different effects in every creature. In the blue and orange attire, he is welcome, even necessary. He is invoked with the burning and heavy gunpowder perfume. But when he comes by himself, dressed in red and gold, he ignites Fear and Hate in human souls.
Nevertheless, those feelings are outside his being. He just wakes up, and takes with joy every second of life, granted by his mixed and toxic breath.
He loves dancing, at the rythm of the Winds. He loves dancing with the sylphs, leading him at the beat of their will. Today, the're dancing at the hollows of an infortunate forest. They, the invisible nymphs, with their constant whispering, guide him at the beat of his destructive waltz.
Today he was invoked by the careless of a group, from the badly off embers of a camping fire. Over the dying ruby-colored coals, he felt the fresh caress of the wind, saying "come", and bringing him to life again. He raised lordly, in all his golden and terrifying beauty, fed by the nearest and dryer branches; obtaining enough strenght to rise and dance one more time.
Today he was invoked by the careless of a group, from the badly off embers of a camping fire. Over the dying ruby-colored coals, he felt the fresh caress of the wind, saying "come", and bringing him to life again. He raised lordly, in all his golden and terrifying beauty, fed by the nearest and dryer branches; obtaining enough strenght to rise and dance one more time.
Animals run away from his devastating and passionate tango. While the sylphs whisper their song, the creatures of the woods howl, trill, scream his name, in order to warn the other ones. But he keeps dancing, devoring everything on the way.
Soon, most of the forest is nothing but ashes and blackened tree trunks. The smell of Death floats over the air, the smell of burned wood and boiled sap. But his dance goes on, unstoppable. Until a tiny mammal, clung to the top of a fir tree, perceives the hopeful scent of rain. Drop by drop, the crystalline storm goes on, halting him, depleting his moves. Tne, he finally chokes, and there's nothing left but plumes and mud, mixed with the remaining ashes.
But even if he dies, he'll be back to life. He will reborn somewhere else, in another moment. And just like the last time, his destructive nature will make him start again with his savage and eternal waltz...
jueves, 14 de julio de 2016
Los platos rotos
En estos momentos acabo de terminar una evaluación muy importante para la nueva carrera que voy a estudiar, que consta de varios bloques en una plataforma virtual. La mitad de los reactivos estaban mal escritos, lo que significa que ninguna respuesta (opción múltiple) estaba bien; que el reactivo ya venía contestado o que no se podía resolver con ninguno de los métodos que se me enseñaron. Hasta le tomé capturas para señalar los peores.
El verdadero problema es que quien la paga soy yo (y sospecho que todos mis futuros condiscípulos): los reactivos mal planteados se me marcan a mí como incorrectos.
Por otro lado, van varias veces que he tenido que tolerar ofensas muy graves y feas de gente que por lo regular, es de mi máximo aprecio. En la última, yo me tuve que disculpar primero por enojarme para que la otra persona se disculpase conmigo por lo que me hizo. Lo cual simplemente no es correcto.
Tendemos a buscar culpables por lo que nosotros mismos provocamos; un grave defecto de la naturaleza humana. Ahora soy más responsable que antes de mis propios errores, pero sigo "pagando los platos rotos" por otras cosas que no fueron causa mía.
Y no solo yo. Creo que todos nos hemos visto más de una vez en la molesta situación de cargar con los errores de otro, o peor aún, cargar con toda la culpa de errores cometidos en conjunto o viceversa. Como en esos trabajos de equipo en el colegio, en que por uno que fallara en algo, todos pagaban porque la nota era conjunta. O como el resto del equipo la embarraba, al que lo hizo bien se lo llevaban entre las patas.
No importa como pase, se siente como limpiar los restos de una fiesta que ni siquiera disfrutaste, y además, en casa ajena. ¿Porqué tú para empezar? ¿Porqué no el dueño de la casa?
Algunos errores (como los reactivos) en realidad son por accidente -o eso quiero pensar. Y nadie tiene la culpa. Pero igual alguien los paga, y para cuando se corrigen, ya muchas personas tuvieron que pasar por el trago amargo de verse afectadas por ello.
El resto, no son mas que el orgullo de cada persona, y en el orgullo hay mucho que perder y nada que ganar. La dignidad para empezar, que se pierde en cuanto queda en evidencia el error, por muy férreos que seamos en defender nuestra postura. Amistades, para continuar (cuántos amigos perdidos por no decir "lo siento" a tiempo) y para acabar, a veces hasta la propia vida. Y quien lo paga -de nuevo- son los demás (¿Porqué no pidió ayuda? ¿En qué estabas pensando? ¿Quién le dejó hacer eso?)
Me gusta pensar que en algún momento, dejaremos de "pagar los platos rotos" de otros. Porque nosotros mismos también dejaremos de cobrárselos. De buena fe deseo que un día todos podamos responsabilizarnos de nuestros errores, bajarnos tantito de nuestro orgullo o pensar antes de cometerlos. Y libremente me incluyo, porque aún no cedo del todo. Sólo espero que para entonces no sea muy tarde.
El verdadero problema es que quien la paga soy yo (y sospecho que todos mis futuros condiscípulos): los reactivos mal planteados se me marcan a mí como incorrectos.
Por otro lado, van varias veces que he tenido que tolerar ofensas muy graves y feas de gente que por lo regular, es de mi máximo aprecio. En la última, yo me tuve que disculpar primero por enojarme para que la otra persona se disculpase conmigo por lo que me hizo. Lo cual simplemente no es correcto.
Tendemos a buscar culpables por lo que nosotros mismos provocamos; un grave defecto de la naturaleza humana. Ahora soy más responsable que antes de mis propios errores, pero sigo "pagando los platos rotos" por otras cosas que no fueron causa mía.
Y no solo yo. Creo que todos nos hemos visto más de una vez en la molesta situación de cargar con los errores de otro, o peor aún, cargar con toda la culpa de errores cometidos en conjunto o viceversa. Como en esos trabajos de equipo en el colegio, en que por uno que fallara en algo, todos pagaban porque la nota era conjunta. O como el resto del equipo la embarraba, al que lo hizo bien se lo llevaban entre las patas.
No importa como pase, se siente como limpiar los restos de una fiesta que ni siquiera disfrutaste, y además, en casa ajena. ¿Porqué tú para empezar? ¿Porqué no el dueño de la casa?
Algunos errores (como los reactivos) en realidad son por accidente -o eso quiero pensar. Y nadie tiene la culpa. Pero igual alguien los paga, y para cuando se corrigen, ya muchas personas tuvieron que pasar por el trago amargo de verse afectadas por ello.
El resto, no son mas que el orgullo de cada persona, y en el orgullo hay mucho que perder y nada que ganar. La dignidad para empezar, que se pierde en cuanto queda en evidencia el error, por muy férreos que seamos en defender nuestra postura. Amistades, para continuar (cuántos amigos perdidos por no decir "lo siento" a tiempo) y para acabar, a veces hasta la propia vida. Y quien lo paga -de nuevo- son los demás (¿Porqué no pidió ayuda? ¿En qué estabas pensando? ¿Quién le dejó hacer eso?)
Me gusta pensar que en algún momento, dejaremos de "pagar los platos rotos" de otros. Porque nosotros mismos también dejaremos de cobrárselos. De buena fe deseo que un día todos podamos responsabilizarnos de nuestros errores, bajarnos tantito de nuestro orgullo o pensar antes de cometerlos. Y libremente me incluyo, porque aún no cedo del todo. Sólo espero que para entonces no sea muy tarde.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Hacer reír a Dios
Uno sí se prepara para la vida adulta... sólo que nada te prepara para la adultez que te toca vivir. Desde los once me preparé para ser escr...
-
"Mi alma es tinta, y mientras siga escribiendo ¡yo seguiré viva!" El sábado, como regalo de cumpleaños, una amiga me llevó al cine...
-
Uno sí se prepara para la vida adulta... sólo que nada te prepara para la adultez que te toca vivir. Desde los once me preparé para ser escr...
-
Lee la parte 1 #NiUnaMenos Pasado un mes, el mundo se había detenido. Se escuchaba el murmullo de las radios y las televisiones desde las...
