jueves, 29 de octubre de 2026

Calaverita

Le regalaron una calaverita de azúcar antes de irse del Halloween de la oficina, entre abucheos por irse temprano y despedidas amables de las secretarias. Medio cagado porque Tezca es el único diabético de la división (diabético a los 29, neta qué mamadas se avienta el Universo de vez en cuando) pero es demasiado amable para recordárselos. Además, por una vez se habían tomado la molestia de escribir su nombre correctamente sobre la etiqueta en la frente del alfeñique, entre florituras de dulce color fucsia. Con qué poquito se contenta uno, piensa bajándose del metro segundos antes de ser arrollado por una marabunta apresurada.

Sube las escaleras hacia la calle. Anochece, el irregular horizonte de la ciudad se dibuja sobre una franja de luz anaranjada y grupos y más grupos de niños disfrazados corren por las banquetas, con calabazas de plástico y bolsas cascabeleando con su dulce botín, entre puestos ambulantes. Tezca no puede evitar ir más lento, no tanto por la aglomeración como por la nostalgia que le provoca. Extraña ser niño y que el mundo parezca un lugar más sencillo, en el que la única preocupación era sacar puro diez para que mamá le compre el disfraz caro de policía, el que sí se parece al uniforme de papá, con su placa plateada y su kepis y sus pistolas de agua que papá pintó de negro para que parezcan de verdad, y poder salir de puerta en puerta a pedir calaverita. Si cierra los ojos y se concentra, aún puede saborear el chocolate derritiéndose en su lengua. 

Ahora se le sube la glucosa sólo con oler el tarro de azúcar en la cocina de la base, y la pistolera con armas de verdad pesa en su cuerpo debajo de la chamarra de pana medio raída mientras comienza a trotar hacia la parada del camión. Cuando el disfraz del niño dio paso al uniforme de adulto, de pronto el mundo sencillo se volvió de un burocrático color gris, y pareciera que la diabetes se le extendió hacia la vida. En los diez años que llevaba portando la placa, hubo más encontronazos con la peor cara de la gente que triunfos. Algunos superiores lo pendejean por ser tan "correcto y de manual", y más de una vez se vio aceptando un cambio de turno desfavorecedor, pero no le piensa dar el gusto a los cabrones de escucharlo quejarse. Él hace su trabajo, que a pesar de todo le sigue gustando.

Apenas unos pasos antes de la parada, un tirón en el borde de la chamarra lo hace detenerse, voltear hacia atrás, y luego hacia abajo, donde una niña con los ojos cafés más grandes que ha visto en su vida lo mira fijamente. Debe tener unos cinco o seis años, su esponjoso disfraz de princesa brilla con las luces de la calle y la coronita de plástico se enreda levemente entre sus cabellos. Parece un enorme malvavisco fucsia. 

-Señor policía, ¿me lleva a mi casa? 

La pregunta tan directa lo descoloca en un principio porque va de civil, pero luego recuerda que su placa cuelga del cinturón. Titubea, si se va ahorita va a perder el último camión de la tarde y el taxi le cobra un ojo de la cara. Pero un niño perdido en una fecha como ésta es una pesadilla a punto de ocurrir, por lo que al final el deber gana. Con un suspiro pesado, toma la mano de la nena y regresa por donde vino.

-¿Cómo te llamas?

-Mara ¿y tú?

-Tezcatlipoca- la niña intenta pronunciarlo sin éxito. -Tú dime Tezca, todos me dicen así. 

Mara lleva su teléfono y dirección escritos en el brazo con marcador, pero cuando Tezca llama al número sólo contesta la grabadora de fuera de servicio, y la niña le explica que no sabe leer todavía y que sin querer se soltó de su mamá en un callejón. Cambia el tema abruptamente, como un chapulincillo rosa que huye del silencio incómodo. Ya habla de su extravío, ya habla de su hermanito que acaba de nacer, de sus perritos o de lo que va a pedir a los Reyes. A Tezca le cae mal la gente que se brinca las fechas, pero Mara le cae bien. No sabe porqué, y por más que intenta no logra acordarse, pero sabe que ya ha visto antes a la niña con ese mismo disfraz de princesa. 

Para cuando llegan a la casa, sus esperanzas de alcanzar el último camión de la tarde se han esfumado junto con los últimos rayos de luz del día, y resignado a calcular cúanto le va a cobrar el taxi toca el timbre. La mujer que le abre, sin embargo, no parece haberse enterado de que su hija le soltó la mano en una calle concurrida. Su expresión confusa se debe más a su mera presencia, pero palidece al ver la placa en su cinturón.

-Buenas noches -saluda Tezca, con una leve inclinación de la cabeza. -¿Usted es la mamá de Ma...?

Pero la niña ya no está cuando voltea, su único rastro es un poco de diamantina rosa en la manga de la chamarra. Tezca la busca con la mirada y la encuentra detrás de la mujer.

Al fondo, en la foto del altar. Junto a la coronita de plástico que cerca una urna diminuta.

Los pies arrancan antes que el tren del pensamiento, siguiendo como bicho lampareado las luces de las veladoras. Ahí está Mara. Entre el pan y el cempasúchil. 


Sobre la ofrenda, su propia foto le espanta por un momento. No es parte del altar, es una foto de él arrastrando un hombre, en una nota del Alarma enmarcada en la pared, que grita en letras grandes y gruesas: Cae asesino pedófilo Agustín N. Su primer gran arresto, hace casi seis años. Muy a lo lejos, la televisión de la casa menciona al último camión de la tarde, que se descarriló en un puente y cayó matando a pasajeros y peatones. 

-¿Gusta un café?-le pregunta la mujer. 

Tezca asiente en silencio. Saca del bolsillo la calaverita de azúcar y la coloca en la ofrenda, entre la foto y la coronita. 


lunes, 24 de agosto de 2026

Adolescer de adolescencia


A veces siento que no viví mi adolescencia con libertad, y luego recuerdo que a los nueve años vi mi primera película completa de Tim Burton, El Extraño Mundo de Jack, y me enamoré de la estética gótica para siempre. Entre los once y los doce debo haberme enamorado de un personaje ficticio nuevo cada dos meses. A los trece escuché por primera vez a The Rasmus, mi banda favorita de la vida y por la que usé plumas en el pelo hasta casi la universidad. A los catorce hice las primeras amigas que no solo tenían gustos en común sino que aceptaban las diferencias que teníamos sin preguntar; con las que iba a comprar revistas y escuchar música y tomar cafés del Italian (quién te conoce Gastarbucks :P) con mucha mucha muuuuuuuucha crema batida y probarnos ropa que no había manera que pudieramos comprar con la mesada que nos daban para salir. Entre los quince y los dieciseis mi hermana menor y yo defendimos a muerte nuestras posibilidades de salir con Bill Kaulitz hasta que él mismo demostró lo contrario (nos criamos con los Glammers ochenteros y el visual key japonés, ¿¡ok!?) Me metí en peleas, me enamoré de chicos a los que nunca les hablé, me reí de cosas estúpidas y todo lo sentí con tanta intensidad que cuando lo recuerdo, el corazón me salta como la primera vez.

Ahora me doy cuenta que la generación de mi hermana y la mía fueron las últimas en TENER adolescencia.

Esta semana vi un reel de la Arquitecta Aislinn Córdoba que me permitió darle forma a este pensamiento que no ha dejado de rondarme desde hace como dos años. Córdoba trata la cuestión desde la falta de espacios públicos seguros y la hipervigilancia que vivimos actualmente (no puedes hacer nada sin que haya un pinche chismoso grabando con su celular para juzgar e invitar al juicio a otros chismosos desquehacerados de internet) mientras  yo un día me di cuenta que los vestidos de XV años ya ni siquiera lo parecen (¿para qué querría una NIÑA un escote que acentúe pechos que aún no tiene o la hacen sentir incómoda?) y que la sección juvenil de casi cada centro comercial ha desaparecido -en el caso de la literatura, siendo reemplazado por la chingadera esa del Young Adult.

La única revista "juvenil" que queda en México es la ERES, y para no morir decidió seguir complaciendo al público que era juvenil en los noventas; los algoritmos le muestran la misma publicidad fastfashionera a las chicas de trece que a las de treinta y pocos; incluso los colores de la ropa se separan drásticamente entre los pasteles para las niñas y los colores sólidos y llamativos para los niños, y las paletas descoloridas y ultrainsípidas que se esperan en un adulto; el rock y sus subgéneros -específicamente y por su origen y propósito contestatario- están siendo silenciosamente suprimidos de los medios o los boletos son tan caros que mejor no vas...

Y fuera del rant anticapitalista, lo que más asusta es el miedo al ridículo. El miedo a probar cosas nuevas, a escuchar música que no sea lo mismo que todos escuchan, a usar colores y prendas que permitan destacar. El miedo a descubrir quién eres. 

Mis padres y los de mi generación tenían miedo de que explorasemos demasiado y nos hiciéramos daño, porque la mayoría de ellos pasaron su adolescencia trabajando o cumpliendo expectativas. Yo soy tía y tengo miedo de que mis sobrinxs nunca puedan explorar sus talentos y sueños, y no por una cuestión de carencia sino por que la etapa más importante de sus vidas está siendo suprimida desde flancos socioeconómicos -y hasta políticos- en pro de convertirlos en... ¿nada?

No es broma; la adolescencia ES la etapa más importante de nuestras vidas. Es el momento que inadvertidamente nos moldea como seres individuales, donde se afirman nuestros gustos, donde se explora la sexualidad y el amor por primera vez (ojo a esto) donde se hacen las primeras relaciones importantes fuera de la familia y donde nuestros talentos y capacidades reales empiezan aflorar y probar sus verdaderos límites. Ser adolescente (aunque un viejito rancio alguna vez me dijo que viene de adolescer / carecer / faltar) es descubrir quién eres y quién quieres ser, incluso si en un principio no tienes una certeza total.

Por eso mismo parece haber una urgencia desesperada en acabar con ella, y es que si te quitan la posibilidad de descubrir quién eres, es más facil que otros te impongan quién "deberías" ser. 

¿Y quién "deberías" ser? Obediente. Sumisa. Ingenuo. Insensible. 

Inteligente, pero sólo lo necesario para seguir órdenes. 

Obediente para que te cases con quien te digan -o te amenacen por amar libremente.

Sumisa para que un cerdo te haga creer que eres muy madura para tu edad y te pueda llevar a un rincón del que tal vez no vuelvas -o te quiten tus derechos antes de que seas consciente de que los tienes.

Ingenuo para que alguien que gana dos pesos más que tú pueda abusar de tu necesidad, o peor aún, ponerte un arma en las manos y ofrecer tu vida en nombre de intereses que nunca te contemplarán.

Insensible para trabajar sin cuestionarte nunca si lo que haces es correcto o no.

El mundo en el que vivimos les está robando la adolescencia a los jóvenes, y con ello les está robando su identidad antes de siquiera descubrirla. Están sumidos en una crisis colectiva de ansiedad, que tarde o temprano alcanzará la desesperación, y los ciclos de la historia nos demuestran una y otra vez cómo eso termina en desgracia, en dictaduras que nadie sabe de dónde vinieron, en estallidos de ira que explotan desde el cañón de un arma hacia el salón de clases.

Y como adulta que aún se siente un poco joven pregunto: ¿porqué lo permitimos? ¿acaso ya olvidamos lo que significa? ¿Olvidamos la intensidad, la emoción del descubrimiento? ¿de verdad vamos a permitir que desaparezca sin más, sólo porque ahora que somos adultos, nos resulta incómodo? ¿Porque nos da pena ajena? 

¿No nos quejábamos que la generación anterior eran unos aburridos amargados?

¿Y porqué chingados vamos a repetir el ciclo con nuestros jóvenes?

lunes, 23 de marzo de 2026

Hacer reír a Dios

Uno sí se prepara para la vida adulta... sólo que nada te prepara para la adultez que te toca vivir.

Desde los once me preparé para ser escritora como JK Rowling. Porqué como ella, porque era la única escritora mujer que conocía que estaba viva, y la única que escribía algo que yo sentía cercano a mi corazón. En la escuela no me sacaban de Sor Juana (el "hombres necios" de los cojones una y otra vez) y los autores de siempre del boom latinoamericano. Rowling me dio a mi primer amigo de mi edad, que era huérfano y con una cicatriz de rayo, y que aunque tuviera poderes mágicos también sabía lo que era tener parientes abusivos y enfrentar bravucones y maestros desgraciados. 

A los trece comenzó la presión de "estudiar algo que te dé de comer y no una carrera de quién escupe mas lejos"-palabras de mi papá. No renuncié a escribir, pero empecé a contemplar carreras relacionadas y puse el ojo en el periodismo. Al mismo tiempo, tenía una idea de lo que sería crecer de lo que veía con mis primos mayores y de las películas y videos musicales que veía. De las noches de discoteca bailando hasta el amanecer, de los conciertos, de las fiestas en casas de amigos que terminan en anécdotas locas, y soñaba con sacudirme la vida sobreprotegida en la que crecí. Soñaba con volver a la gran ciudad en la que nací y trabajar en las revistas de adolescentes que devoraba cada mes; entrevistar a estrellas, actores, cantantes -tal vez vivir una tórrida historia de amor- y que mis columnas a su vez fueran devoradas por otras soñadoras como yo. Y por supuesto, soñaba con publicar mis propios libros y conocer a mi modelo a seguir y ayudar como ella lo hacía.

Al final el tiempo pasa y le valemos madre.

Nada me preparó para que las revistas para las que yo soñaba con trabajar se extinguieran durante mi primer semestre en la universidad, y que la carrera se sentiría como una prisión pretenciosa tras perder todo su sentido. Nada me preparó para que los primeros youtubers la volvieran tan popular (sin haberla terminado) que en menos de un año ya no hubiera campo de trabajo, ni siquiera en edición. Aunque se me preparó para la censura, nada me avisó que sería TAN descorazonante que me haría desistir; y nada me preparó para que la única revista en la que logre trabajar desapareciera sin pagarme. Nada me preparó para sobrevivir de un trabajo que nunca he dejado de odiar, sólo porque paga lo suficiente para ¿vivir?

Ah, sí, tampoco nada me preparó para un sueldo que no cubre ni la renta de un cuarto, así que sigo viviendo en la casa familiar.

Y ni la vida nocturna ni el amor se salvaron del paso del tiempo. Cuando por fin tuve edad para ir a antros, ya nadie bailaba. Desde hace años solo medio mueven las nalgas hacinados en un limbo que no sabes si es pista de baile o zona de mesas, al mismo ritmo (corchea, semicorchea, corchea, doble corchea) por HORAS. Llegaron las pandemias y en mi pueblito con complejo de ciudad se terminaron las fiestas hasta el amanecer. E igual yo ya tenía toque de queda, así que las fiestas de la uni ni las vi.

Eso sí, al fin puedo ir a conciertos sin que me fastidien (casi) y eso sí es tal y como lo soñé. Incluso mejor.

Los tórridos romances no tenían nada de romance, y lo tórrido vino en forma de violencia. De esto ya he hablado en ocasiones separadas, pero hicieron tanto daño que cuando al fin tuve algo especial y hermoso, lo hice sufrir por lo que yo misma no resolví, y otra vez estoy sola. 

Nada me preparó para los vicios del mundo editorial ni para la invasión de la IA. Siempre pensé que esa sería una herramienta útil para la investigación y la ciencia, no para que la gente frustrada por no tener la paciencia para aprender algo ganara dinero con dibujos e historias que no son suyas ni lo serán nunca. Cuando comencé a publicar a JACK mi editor quiso meter portada de IA -mejor me hubiera abofeteado- y terminé haciendola yo. Por cierto, acabo de romper contrato con ExLibric.

Y no, nada me preparó para que la madre de mi mejor amigo, el que me permitió conocer a todos los amigos de carne y hueso que tengo y conservo, se convirtiera en lo que ella misma me enseñó a combatir. Si conociera a Rowling actualmente... no lo sé. Quizás mi yo de once años resurgiría y le saltaría el corazón de felicidad, pero mi yo actual no dejaría de llorar. 

Y no, Harry no tiene la culpa de las cosas que su creadora piense y diga. Sigue siendo mi amigo, y si viviera en nuestro mundo sé que tampoco estaría de acuerdo con la forma en que ella trata a los metamorfómagos del mundo.

John Lennon dijo que la vida es eso que pasa mientras tienes otros planes. Mi prima dice que si quieres hacer reír a Dios le cuentes tus planes. Siempre odié ambas frases, pero ahora que las constato, las odio todavía más.

Cada vez la pelea me pesa más. Me siento perdida, inútil y desfasada, y el corazón en el piso. Y cuando parece que ya lo he conseguido, no se sostiene lo suficiente, como subir al cielo en una burbuja que se revienta cuando estás a centímetros de la nube más firme.

Pero no le voy a dar el gusto a nadie de rendirme.

martes, 9 de diciembre de 2025

Hilo Rojo


 A la gente le fascina hablar de almas gemelas que viven amores eternos, de hilos rojos conectados a una pareja ideal.



No se puede ser más pendejo.

Odio esa estúpida leyenda; tú y yo somos el ejemplo vivo y resucitado una y otra vez de que su único propósito es suavizar el golpe de las uniones arregladas.

Por mi parte, tengo sueños maravillosos donde te asesino. Sueños que hablan de vidas pasadas y tortuosos ciclos sin fin, hasta que por fin te encuentro en la vigilia y yo misma corto esos ciclos… o tu cuello, es igual. De todas maneras, en la siguiente vida todo vuelve a empezar.

En todos nuestros encuentros eres malo en algo. Malo cocinando, malo en la cama, mala persona… digo, tampoco es que yo sea una santa, pero por algo terminamos despedazándonos uno al otro ¿no? Tan sólo en nuestro tercer o cuarto matrimonio te dejaste convencer de ir a una expedición a la tundra, y además me obligaste a ir. Lo que no se pudrió lo dejaste incomible, y tienes que reconocer que fui piadosa contigo en esa ocasión, porque si yo no te hubiera acuchillado y abierto las tripas mientras dormías por ser lo único comestible que nos quedaba, el resto de la expedición te habría linchado. 

Míralo por el lado amable, cariño, al menos esa vez serviste de algo hasta que los demás fuimos rescatados. 

A veces tú has ganado. De hecho, si mal no recuerdo, tú empezaste esta idiotez y nos amarraste para siempre, cuando te volviste inquisidor y me arrojaste al fuego porque no quise ser tu amante. Porque yo ya estaba enamorada, y ahora por tu culpa jamás volveré a verle. 

Aunque tal vez tuvo algo que ver la maldición que te arrojé, gritando y agonizando mientras el aroma de mi carne quemada se cernía sobre el pueblo, mientras mi cebo y sangre se derretían de mis huesos… 


Pero lo peor vino en las siguientes reencarnaciones.


Nuestras familias eran creyentes al principio. De lo que fuera, pero creyentes de golpe de pecho. Y siempre llegaban a la -estúpida, puta, mil veces maldita- conclusión de que si nuestro karma (o como lo llamaran cada vez) era tan fuerte, seguramente era porque estábamos destinados a estar juntos. Y con bombo y platillo y fanfárricas bodas me volvían a encadenar a tu mil veces maldita esencia una y otra vez. Y una y otra vez terminan preguntando cómo demonios te rompiste el cuello por subirte a un banco, o qué hacías nadando de noche en pleno invierno, o porqué comiste nueces si eras alérgico.

Si hay algo que me gusta de este forzado nosotros, es lo mucho que estimulas mi creatividad. Algún día me encantaría arrojarte al espacio sin traje para ver cómo te congelas y resquebrajas, pero haberte encerrado en un congelador en el año en que se inventaron los eléctricos también fue muy divertido, sobre todo porque estaba apagado y el nocebo hizo todo el trabajo por mí. Debiste ver tu cara.

Al menos yo sí tengo imaginación, no como tú que sólo sabes prenderle fuego a todo (¡maldito pirómano ya supéralo!) 

Ni siquiera ahora que los matrimonios son más libres me libro de ti. Nunca falta la amiga pendeja o la tía entrometida que está convencida de que “haríamos una linda pareja”. Si no es de tu lado es del mío, y siempre convencen a todos de esa maldita conspiración cósmica que me impide ser libre y no volverte a ver. 

Siempre tomo venganza. Invitarlos a la cena de Año Nuevo y servirte en salsas de la región es un clásico, pero cuando tengo tiempo y fuerzas enterrarte en su jardín es todo un espectáculo, me volví muy buena sembrando evidencias. Eso lo aprendí de nuestro sexto matrimonio, aún no puedo creer que hasta el policía con el que te engañaba te creyera lo del cigarro en la cama -y yo ni fumaba.

Empiezo a pensar que eres masoquista. O fetichista. Digo, yo nazco sabiendo, pero siempre llega el momento en que tú recuerdas cuántas veces hemos pasado este infierno, así que también sabes. Y aún así, por más que suplico no tenerte cerca, por más que viajo y subo y bajo para no encontrarme contigo, ahí estás. Es como si te excitara descubrir de qué manera te mataré esta vez, si usaré veneno o si pisotearé tu cara hasta triturarla con el tacón de mi zapato. Estoy segura de que yo te he matado más veces de las que tú a mí. 

Supongo que pudo ser peor. Pudiste ser un raro de las patas o algo así.

Sé que algún día acabaremos bailando eternamente en el Infierno, pero no tengo prisa. Seguiré matándote en mis sueños hasta que pueda decapitarte en la vigilia una vez más. Seguiré soñando con el final mientras mis manos se cierran sobre tu cuello hasta que tu laringe cruja. Seguiré escapando de ti hasta que de verdad lo consiga, o hasta que pueda escupirte en la cara mientras los fuegos artificiales de mi sangre explotan desde mi garganta hasta tu ropa -si es que algún día sales del numerito del cerillo y el alcohol.

Destruyámonos hasta el fin. Hasta que no quede nada más, o hasta por fin reventar este puñetero hilo rojo que nos ata. 


Destruyámonos una vez y otra más, cariño.


miércoles, 26 de noviembre de 2025

Frankelda, La Tinta del Alma y el Amor al Arte

"Mi alma es tinta, y mientras siga escribiendo ¡yo seguiré viva!"


El sábado, como regalo de cumpleaños, una amiga me llevó al cine a ver "Soy Frankelda", la película precuela de la serie "Los Sustos Ocultos de Frankelda". Mi amiga es artista plástica y sabía que si alguien iba a apreciarla tanto como yo ese alguien es ella. 

No es broma, salimos llorando del cine. Y no sólo por la historia que es preciosa (ese y el del Joven Manos de Tijera son los únicos finales con el derecho de romperme el corazón) o por la increíble cantidad de referencias artísticas que te tienen jugando como niño a adivinar, desde el primer minuto. Monet, Remedios Varo, Alexandre Cabanel...  

 Salimos llorando porque -y ella no me dejará mentir- "Soy Frankelda" nos habló al corazón como nada lo había hecho hacía años.

Todas las ramas artísticas, incluso aquellas que parecen mas "comerciables", se enfrentan constantemente a la crítica y desvalorización. Y tal cual lo ilustra la película, esa desvalorización es peor cuando el artista es una mujer. Desde críticas hasta robo de nuestro trabajo -QUE CHINGUEN A SU TARJETA MADRE TODAS LAS IA's - pasando por estafas y negociaciones poco beneficiosas.

Artista: Kalisami


Casi siempre, la pedrada ha venido de quien más buscaste apoyo. De tu familia exigiendo que estudies algo que "sí te dé de comer", aunque te coma el alma. De tus profesores mandando a llamar a tus padres porque te sorprenden dibujando, sin entender que de otro modo no te concentras en un tema que ya han repetido hasta el aburrimiento. 

De esos esposos que no perdieron la oportunidad de robar tu trabajo, aprovechando los prejuicios de la época -Scott Fitzgerald chingándose los diarios de Zelda para El Gran Gatsby, Walter firmando con su nombre los cuadros de Margareth Keane, los editores publicando Frankenstein con el nombre de Percy Shelley sin que él defendiera a Mary... 

...pinche Piojustes te odio...
... te odio pinche gordo...
De esa amistad que se ofreció como lector beta y publicó tu borrador con su nombre en internet.

  De esa expareja que, cuando ya no quisiste volver, insultó tu     trabajo porque él nunca pudo escribir algo sin un ácido encima.

  De la editorial que te cobró la "oportunidad", y luego corrigió     tu texto con IA y le quiso meter portada generada. 

  Referenciando al villano de la película, pareciera que la vida      del artista está incesantemente envuelta en telarañas            pegajosas de desaprobación, avaricia e incomprensión, y que      la única salida es complacer a otros. Pero eso sólo es rendirse y dejarse devorar, y si no lo permitiríamos de un animalejo monstruoso como Procustes, menos deberíamos permitirlo de las arañas patonas de la inseguridad y la automatización. 

Artista: Danyael
He sufrido mucha incertidumbre todo este año, con la publicación de JACK enfrenté varios problemas y hasta groserías que me han desanimado mucho, hasta el punto de no saber ni en dónde estoy parada como autora. Frankelda y Herneval (además de darme mucha envidia por lo mucho que se aman) me revivieron las esperanzas y me recordaron quién soy, y porqué hago lo que hago. Porqué escribo. Porqué aún edito borradores viejos, o coso con el hilo de otras ideas las partes rescatables de otros, como en esas cobijas de retazos. Porqué existe éste pequeño rincón de internet que ahora sentiré como mi pedacito del Topus Terrentus, aún si no muchas personas llegan a leerlo. 

Escribo por mí. Porque es mi primer amor y mi pasión más grande. Escribo porque a veces duele, a veces enfada y a veces asusta. Porque así sea una línea o un capítulo entero, nadie más puede escribir mi visión del mundo más que yo, y si esa visión puede ser leída aunque sea por una persona, mejor aún. Y si tengo que pelear contra máquinas que vomitan historias vacías y personas ambiciosas que intentan aprovecharse, o envidiosas que intentan desanimarme, lo haré, porque yo tengo un alma, un estilo y una voz que nunca podrán replicar. 

Pinta por ti. Esculpe por ti. Graba, filma, actúa, compón, toca, canta, dibuja, baila POR TI. Sólo así encontrarás almas afines que aunque no tengan tu visión del mundo, estén dispuestas a ver, a escuchar, a sentir lo que tienes en el alma y leer su tinta invisible.

Remedios Varo - "La Creación de las Aves" 
(inspiración de la noble raza Tecotias, por cierto 💖)

jueves, 23 de octubre de 2025

La fantasía de lo macabro: la fotografía de Annie Bertram

(Entrevista publicada originalmente en Febrero de 2019 para Revista Oscvro)

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En algunas culturas, existe la creencia de que las cámaras fotográficas se roban el alma de las personas que retratan. Sin embargo, hay fotógrafos, auténticos artistas, que ponen su alma sin dudarlo en cada imagen. Ángeles y demonios, brujas y príncipes, personajes de fantasía y pesadilla han desfilado durante 20 años frente a la lente de la alemana Annie Bertram quien, en esta ocasión, comparte algunas palabras con nuestra redacción.

Hablemos sobre ti, ¿cómo inició todo? ¿Qué encendió la chispa?
Mi viaje comenzó hace mucho, cuando tomaba clases en la Hochschule für Grafik und Buchkunst en Leipzig, hace más de 20 años; pintaba antes de ser fotógrafa. En un cumpleaños me pidieron tomar una foto con una cámara profesional SLR y ahí fue donde comenzó mi fascinación. Inicialmente tomaba fotos de cementerios, lugares abandonados y gente gótica, para revelarlas en mi pequeño cuarto oscuro. Años después, conseguí una cámara digital y pude comenzar a editarlas en la computadora, lo que por fin me permitió combinar mis habilidades para pintar y fotografiar. Por ello me gusta llamarme "Artista de fotografía".
En 2003 publiqué mi primer libro “The colour of dreams”, seguido de mi libro de cuentos “Wahre Märchen” en 2008. Luego llegaron mis primeras exhibiciones en la Strychnin Gallery en Berlin, y en el HR Giger Museum en Suiza. 
Blutengel, Diary of Dreams, Diorama, In Strict Confidence y muchos más me han dado la oportunidad de colaborar con ellos para sus sesiones de promoción. En 2011 se publicó mi tercer libro “Obsolete Angels”, seguido de “Wahre Märchen 2” en 2014.
 
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Tu trabajo abarca de la fantasía a lo macabro, en su mayoría combinados en sorprendente armonía, ¿cómo consigues este contraste?
La vida tiene 2 caras, tenemos días soleados y felices pero también días tristes. La vida y mis sentimientos son lo que me inspira más.
 
¿Cuál ha sido tu mejor experiencia detrás de la lente?
Trabajé como voluntaria para la organización “Recover your Smile”, ofreciendo clases y sesiones fotográficas para pacientes con cáncer, para llevarles felicidad a mi manera. Esa fue mi mejor experiencia.

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Apelando a tu vanidad, ¿Cuál consideras que es tu mayor orgullo?
Ser capaz de desarrollar mi arte, a mi manera. Estoy orgullosa de lo que he logrado en los últimos 20 años, mis libros, las exhibiciones, la gente con la que he trabajado...

¿Qué te inspira? ¿Podemos encontrar alguna influencia en tu trabajo?
Me ispira la vida diaria y cuanto sucede en mi alma. Me gusta escuchar música en el proceso, lo que también ayuda.
 
¿Cuál ha sido el mayor sacrificio que has hecho en afán de conseguir tu sueño?
Durante una sesión sufrí un accidente horrible, estuve a punto de perder un dedo y tuvieron que hospitalizarme.

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¿Te has topado con algún obstáculo en el camino?
Casi todo viaje tiene obstáculos, tal vez es bueno tenerlos.

El año pasado (2018) pudimos apreciar tu colaboración con la banda Blutengel (Surrender to the Darkness) ¿veremos más videos con tu firma en el futuro? ¿Algún cortometraje o película?
Me encantaría hacer más videos en el futuro y estoy abierta a nuevas colaboraciones, aunque he realizado muy buenos proyectos en el pasado. 
 
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¿Hay algún sueño que te falte por cumplir?
Retratar a Brian Molko de Placebo.
 
¿Qué sigue para Annie Bertram?
¡Amar, vivir y crear!



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viernes, 22 de agosto de 2025

Historias de amor... ¿didas?

¿Cuánto del romance escrito por mujeres realmente le pertenece a las mujeres?

En el último par de años, el romance y sus subgéneros finalmente han vuelto a ganar terreno en las librerías; y tanto desde el fanatismo como desde la autoría eso casi me alegra...

No me malentiendan, quien se ha pasado por aquí sabe que soy una romántica insufrible. Y me alegra ver que un género tan lleno de estigmas (que para colmo, es víctima del pink tax) tenga este resurgimiento tan merecido de la mano de autoras mujeres, peeeeero pareciera que para lograrlo se han hecho sacrificios bastante cuestionables.

Por poner el ejemplo más fresco, apenas hace una hora he visto en mis recomendaciones Firebird de Juliette Cross. Ambientado en una Roma alternativa con dragones (de la falta de originalidad reciente hablaremos después), un centurión y su esclava-concubina dacia se enamoran. Por poner el ejemplo más viejo, la portada de Haunting Adeline pareciera romance gótico con fantasmas, pero se trata de una chica que se enamora (?) del acosador asesino que se mete a su casa cuando quiere. Entre medias, existe una cosa que se llama Mafia Romance, que por algún motivo encuentra bastante deseable ser secuestrada por la Bratva y rescatada por la Cossa Nostra - u olvidarse del rescate y disfrazar de BDSM lo que en realidad es un método de tortura, con la excusa del consentimiento dudoso. Y todo ello aderezado con escenas de sexo cada diez páginas, que o todas son iguales o cada una es más inverosimil que la anterior. 

Sé que lo último suena bastante puritano, pero el sexo mal escrito es el menor de los problemas. De hecho, como ya es un tema muy tocado ni siquiera me voy a adentrar en el exceso del mismo para compensar la falta de trama y desarrollo técnico. El verdadero problema es que para ser literatura femenina, el nuevo romance en realidad está cada vez más cerca y más a favor del machismo más viejo y rancio. 

Dinámicas de poder y diferencias de edad tan desiguales como el sueldo que perciben tú y tu colega hombre. Aceptación y romantización de conductas violentas o peligrosas que van desde el acoso hasta el uso de armas blancas o de fuego como juguetes sexuales (como si a la idiotez le faltasen ideas...), protagonistas mujeres que renuncian casi por completo a su autonomía (o que por ser menor de edad o víctimas de trata NO LA TIENEN) para que el interés romántico las rescate o mantenga...

Literalmente todo lo que el feminismo ha luchado por cambiar o erradicar durante años, ahora se nos está vendiendo como algo deseable. Porque el tipo será un jefe de la mafia buscado por narcotráfico y homicidio, pero ¡hey, le compró la joyería entera donde solía trabajar! Podrá ser el conquistador que diezmó al pueblo de la chica, pero ¡mira que pectorales! O podrá amenazarla de muerte desde el segundo en que la conoció pero ¡oh, ha abierto en canal al ex que -increíblemente- la trataba aún peor!

Y esto sólo enfocándonos en el Dark Romance, pero en otras historias tenemos relaciones que directamente empiezan con un acostón sin saber ni el nombre del otro, o historias en las que durante todo el bendito libro el "interés romántico" es incapaz de interactuar con el/la protagonista sin ser cínico o un pasivo-agresivo que no puede dejarle a la otra persona un consejo que no venga con un insulto a su forma de hacer las cosas; y que a pesar de estos tratos y groserías se enamoren. Y para echar sal a la herida, hay un tercero en discordia que sí está interesado y trata bien al/la protagonista -puede que incluso ya estuvieran juntos de principio- y o se queda con un palmo de narices o termina convertido en el personaje más aborrecible de la trama, para justificar la existencia del verdadero interés romántico.

Y así, buscando crear al siguiente Darcy terminan reproduciendo a Heatcliff o a Catherine Dollanganger. Diferentes tonalidades del mismo color.

Que sí, todos estos libros están escritos por mujeres, pero eso no parece influir un cambio positivo; algunas incluso son personas bastante perturbadas (ni me voy a meter en eso, pueden ver la información aquí) y todas se escudan en el argumento de "sólo es ficción / es un fetiche / son gustos". Sin embargo, para que estas historias lleguen hasta nuestros libreros hay toda una maquinaria editorial que rara vez es conducida por mujeres.

Para que un libro llegue a tus manos lo primero es que una editorial acepte el manuscrito, y desde ahí ya nos falló el primer filtro. Con tal de conseguir una rebanada del pastel de la fortuna, incluso sellos de renombre son capaces de aceptar lo primero que les llegue con tal de que lo puedan etiquetar como el género de moda. Tras los procesos de edición y corrección (que deberían servir de segundo filtro) y la maquetación (en la que se eligen esas portadas inofensivas de color rosita que esconden tanto mugrero) se lleva a cabo la publicidad, y si había un chance de al menos vender el libro con las debidas advertencias o enfocar la publicidad a un demográfico adecuado, se lo venden a quien sea, anunciándolo con los tropes más populares del momento. Ya ni se molestan en poner la reseña. 

En cuanto a los círculos y certámenes editoriales liderados por mujeres, sorprendentemente varios resultan alérgicos al género del romance, lo cual sólo alimenta el problema, pues al negarse a participar también nos privan de la posibilidad de elegir mejores historias con perspectiva femenina -a menos que sean sáficas y a éstas francamente ni me les acerco. Ésto en particular lo escribo desde mi propia experiencia buscando editorial para Meridienne.

Como siempre, la responsabilidad final recae en el lector, pero si desde un principio las lectoras no tenemos la oportunidad de realmente elegir mejores historias de amor, ¿en serio nuestra única opción es elegir de los males el menor?

Igual me niego a terminar este ¿ensayo? ¿reflexión? con una nota negativa, así que si algo puedo aportar es que sí, sí hay historias de romance nuevas, hechas por mujeres y bien hechas. La cuestión es que la mayoría optan por la autopublicación o por editoriales pequeñas, pero sí existen.

Y mientras les pido, de una romántica a otra, que elijan sus lecturas con conciencia y responsabilidad. Que la censura es menos y ya podemos leer cosas explícitas y sexys en paz, ¡Aleluya por eso! pero que eso no nos nuble el juicio de permitir que nos metan ideas retrógradas sólo porque nos las sirva un protagonista inspirado en Andy Biersack. 



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