Ahora me doy cuenta que la generación de mi hermana y la mía fueron las últimas en TENER adolescencia.
Esta semana vi un reel de la Arquitecta Aislinn Córdoba que me permitió darle forma a este pensamiento que no ha dejado de rondarme desde hace como dos años. Córdoba trata la cuestión desde la falta de espacios públicos seguros y la hipervigilancia que vivimos actualmente (no puedes hacer nada sin que haya un pinche chismoso grabando con su celular para juzgar e invitar al juicio a otros chismosos desquehacerados de internet) mientras yo un día me di cuenta que los vestidos de XV años ya ni siquiera lo parecen (¿para qué querría una NIÑA un escote que acentúe pechos que aún no tiene o la hacen sentir incómoda?) y que la sección juvenil de casi cada centro comercial ha desaparecido -en el caso de la literatura, siendo reemplazado por la chingadera esa del Young Adult.
La única revista "juvenil" que queda en México es la ERES, y para no morir decidió seguir complaciendo al público que era juvenil en los noventas; los algoritmos le muestran la misma publicidad fastfashionera a las chicas de trece que a las de treinta y pocos; incluso los colores de la ropa se separan drásticamente entre los pasteles para las niñas y los colores sólidos y llamativos para los niños, y las paletas descoloridas y ultrainsípidas que se esperan en un adulto; el rock y sus subgéneros -específicamente y por su origen y propósito contestatario- están siendo silenciosamente suprimidos de los medios o los boletos son tan caros que mejor no vas...
Y fuera del rant anticapitalista, lo que más asusta es el miedo al ridículo. El miedo a probar cosas nuevas, a escuchar música que no sea lo mismo que todos escuchan, a usar colores y prendas que permitan destacar. El miedo a descubrir quién eres.
Mis padres y los de mi generación tenían miedo de que explorasemos demasiado y nos hiciéramos daño, porque la mayoría de ellos pasaron su adolescencia trabajando o cumpliendo expectativas. Yo soy tía y tengo miedo de que mis sobrinxs nunca puedan explorar sus talentos y sueños, y no por una cuestión de carencia sino por que la etapa más importante de sus vidas está siendo suprimida desde flancos socioeconómicos -y hasta políticos- en pro de convertirlos en... ¿nada?
No es broma; la adolescencia ES la etapa más importante de nuestras vidas. Es el momento que inadvertidamente nos moldea como seres individuales, donde se afirman nuestros gustos, donde se explora la sexualidad y el amor por primera vez (ojo a esto) donde se hacen las primeras relaciones importantes fuera de la familia y donde nuestros talentos y capacidades reales empiezan aflorar y probar sus verdaderos límites. Ser adolescente (aunque un viejito rancio alguna vez me dijo que viene de adolescer / carecer / faltar) es descubrir quién eres y quién quieres ser, incluso si en un principio no tienes una certeza total.
Por eso mismo parece haber una urgencia desesperada en acabar con ella, y es que si te quitan la posibilidad de descubrir quién eres, es más facil que otros te impongan quién "deberías" ser.
¿Y quién "deberías" ser? Obediente. Sumisa. Ingenuo. Insensible.
Inteligente, pero sólo lo necesario para seguir órdenes.
Obediente para que te cases con quien te digan -o te amenacen por amar libremente.
Sumisa para que un cerdo te haga creer que eres muy madura para tu edad y te pueda llevar a un rincón del que tal vez no vuelvas -o te quiten tus derechos antes de que seas consciente de que los tienes.
Ingenuo para que alguien que gana dos pesos más que tú pueda abusar de tu necesidad, o peor aún, ofrecer tu vida en nombre de intereses que nunca te contemplarán.
Insensible para trabajar sin cuestionarte nunca si lo que haces es correcto o no.
El mundo en el que vivimos les está robando la adolescencia a los jóvenes, y con ello les está robando su identidad antes de siquiera descubrirla. Están sumidos en una crisis colectiva de ansiedad, que tarde o temprano alcanzará la desesperación, y los ciclos de la historia nos demuestran una y otra vez cómo eso termina en desgracia, en dictaduras que nadie sabe de dónde vinieron, en estallidos de ira que explotan desde el cañón de un arma hacia el salón de clases.
Y como adulta que aún se siente un poco joven pregunto: ¿porqué lo permitimos? ¿acaso ya olvidamos lo que significa? ¿Olvidamos la intensidad, la emoción del descubrimiento? ¿de verdad vamos a permitir que desaparezca sin más, sólo porque ahora que somos adultos, nos resulta incómodo? ¿Porque nos da pena ajena?
¿No nos quejábamos que la generación anterior eran unos aburridos amargados?
¿Y porqué chingados vamos a repetir el ciclo con nuestros jóvenes?
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