Desde los once me preparé para ser escritora como JK Rowling. Porqué como ella, porque era la única escritora mujer que conocía que estaba viva, y la única que escribía algo que yo sentía cercano a mi corazón. En la escuela no me sacaban de Sor Juana (el "hombres necios" de los cojones una y otra vez) y los autores de siempre del boom latinoamericano. Rowling me dio a mi primer amigo de mi edad, que era huérfano y con una cicatriz de rayo, y que aunque tuviera poderes mágicos también sabía lo que era tener parientes abusivos y enfrentar bravucones y maestros desgraciados.
A los trece comenzó la presión de "estudiar algo que te dé de comer y no una carrera de quién escupe mas lejos"-palabras de mi papá. No renuncié a escribir, pero empecé a contemplar carreras relacionadas y puse el ojo en el periodismo. Al mismo tiempo, tenía una idea de lo que sería crecer de lo que veía con mis primos mayores y de las películas y videos musicales que veía. De las noches de discoteca bailando hasta el amanecer, de los conciertos, de las fiestas en casas de amigos que terminan en anécdotas locas, y soñaba con sacudirme la vida sobreprotegida en la que crecí. Soñaba con volver a la gran ciudad en la que nací y trabajar en las revistas de adolescentes que devoraba cada mes; entrevistar a estrellas, actores, cantantes -tal vez vivir una tórrida historia de amor- y que mis columnas a su vez fueran devoradas por otras soñadoras como yo. Y por supuesto, soñaba con publicar mis propios libros y conocer a mi modelo a seguir y ayudar como ella lo hacía.
Al final el tiempo pasa y le valemos madre.
Nada me preparó para que las revistas para las que yo soñaba con trabajar se extinguieran durante mi primer semestre en la universidad, y que la carrera se sentiría como una prisión pretenciosa tras perder todo su sentido. Nada me preparó para que los primeros youtubers la volvieran tan popular (sin haberla terminado) que en menos de un año ya no hubiera campo de trabajo, ni siquiera en edición. Aunque se me preparó para la censura, nada me avisó que sería TAN descorazonante que me haría desistir; y nada me preparó para que la única revista en la que logre trabajar desapareciera sin pagarme. Nada me preparó para sobrevivir de un trabajo que nunca he dejado de odiar, sólo porque paga lo suficiente para ¿vivir?
Ah, sí, tampoco nada me preparó para un sueldo que no cubre ni la renta de un cuarto, así que sigo viviendo en la casa familiar.
Y ni la vida nocturna ni el amor se salvaron del paso del tiempo. Cuando por fin tuve edad para ir a antros, ya nadie bailaba. Desde hace años solo medio mueven las nalgas hacinados en un limbo que no sabes si es pista de baile o zona de mesas, al mismo ritmo (corchea, semicorchea, corchea, doble corchea) por HORAS. Llegaron las pandemias y en mi pueblito con complejo de ciudad se terminaron las fiestas hasta el amanecer. E igual yo ya tenía toque de queda, así que las fiestas de la uni ni las vi.
Eso sí, al fin puedo ir a conciertos sin que me fastidien (casi) y eso sí es tal y como lo soñé. Incluso mejor.
Los tórridos romances no tenían nada de romance, y lo tórrido vino en forma de violencia. De esto ya he hablado en ocasiones separadas, pero hicieron tanto daño que cuando al fin tuve algo especial y hermoso, lo hice sufrir por lo que yo misma no resolví, y otra vez estoy sola.
Nada me preparó para los vicios del mundo editorial ni para la invasión de la IA. Siempre pensé que esa sería una herramienta útil para la investigación y la ciencia, no para que la gente frustrada por no tener la paciencia para aprender algo ganara dinero con dibujos e historias que no son suyas ni lo serán nunca. Cuando comencé a publicar a JACK mi editor quiso meter portada de IA -mejor me hubiera abofeteado- y terminé haciendola yo. Por cierto, acabo de romper contrato con ExLibric.
Y no, nada me preparó para que la madre de mi mejor amigo, el que me permitió conocer a todos los amigos de carne y hueso que tengo y conservo, se convirtiera en lo que ella misma me enseñó a combatir. Si conociera a Rowling actualmente... no lo sé. Quizás mi yo de once años resurgiría y le saltaría el corazón de felicidad, pero mi yo actual no dejaría de llorar.
Y no, Harry no tiene la culpa de las cosas que su creadora piense y diga. Sigue siendo mi amigo, y si viviera en nuestro mundo sé que tampoco estaría de acuerdo con la forma en que ella trata a los metamorfómagos del mundo.
John Lennon dijo que la vida es eso que pasa mientras tienes otros planes. Mi prima dice que si quieres hacer reír a Dios le cuentes tus planes. Siempre odié ambas frases, pero ahora que las constato, las odio todavía más.
Cada vez la pelea me pesa más. Me siento perdida, inútil y desfasada, y el corazón en el piso. Y cuando parece que ya lo he conseguido, no se sostiene lo suficiente, como subir al cielo en una burbuja que se revienta cuando estás a centímetros de la nube más firme.
Pero no le voy a dar el gusto a nadie de rendirme.
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