jueves, 28 de mayo de 2015

Epístola

Si decides amarme,
ten presente que yo no soy nada parecido
a cuanto hayas conocido
a cuantas hayas conocido.

Vivo por y para el amor,
es mi ciencia y mi estudio,
mi mayor anhelo
y el mayor de mis temores.

Soy amante, soy amiga,
soy compañera de batalla.
Soy lo que desees,
pero puedo ser también lo que provoques.

Si decides amarme,
te advierto que amo con furia,
que odio con pasión,
que perdono muy poco y recuerdo demasiado.

Puedo pelear contra el infierno entero
solo por tu felicidad;
puedo retar a las fuerzas de la naturaleza;
soñar tus pesadillas para que duermas tranquilo.

Me puedo volver el ángel que te protege,
cubrirte con mis maltrechas alas;
me puedo volver el demonio que ruge,
clavar en tus enemigos mis garras.

Si decides amarme,
ten presente que yo he decidido
que de entre todos los seres
eres mi único igual.

Que yo no muevo las estrellas
por nadie que no valga la pena;
y que si tu lo vales estaré contigo
aunque el mundo se derrumbe.

Serás mi amado, serás mi amigo
mi motivo para luchar.
Serás la inspiración de mi alma,
y a veces la única opinión válida.

Pero si decides amarme,
sólo te pido algo a cambio.
Si decides amarme,

ámame como te amo yo.



Ilustración: Chiara Bautista

martes, 26 de mayo de 2015

Cruzada

Skjaldmö, Ana Varela
Por lo general no me rindo tan fácil, pero a veces llego a un punto en mi cruzada donde entierro la espada en la tierra y me detengo a re-evaluar mi situación. 

Ya no debería darme ese lujo estando a mitad de los 20, pero de todos modos lo hago. Y es entonces cuando me doy cuenta que algo está saliendo muy mal, no en mi entorno sino conmigo. Cuando me detengo en el viaje significa que tomé la dirección equivocada y que no hay vuelta atrás. De nuevo.

No es la primera vez que me ocurre, y sé que no será la última. Dicen que siempre hay una razón para que las cosas sucedan; y en este caso la única razón es que soy idiota. De alguna manera llego a tomar decisiones que a la larga lo arruinan todo, y aunque sé que no soy la única persona que lo hace, tampoco creo que haya muchas personas que repitan el mismo patrón una y otra vez. 

El punto es que se convierte en una costumbre muy molesta y hasta inconsciente, hasta el punto en que nadie te cree que es una conducta inconsciente. Una vez que el daño llega a su punto álgido, lo único que logras hacer es recapitular y recapitular y recapitular hasta que te acuerdas de eso que decidiste en un impulso de idiotez. 

Y entonces te das de topes violentamente contra la pared porque en serio te odias tanto que te quieres hacer daño para que nadie más lo haga por tí. O para no desquitarte con nadie porque sabes que lo vas a lamentar y vas a lastimar mucho a esa persona. A menos que la odies y/o tenga parte de la culpa, aunque de todos modos sientas la amenaza del karma pendiendo sobre tu cabeza cual espada de Damocles.

¿Regresar? Imposible. ¿Pedir disculpas? Espero que sea una broma. ¿Pedir ayuda? Tal vez... si el ego y el orgullo lo permiten... y no te llevaste a nadie entre las patas... 

Claro que no todo es causa perdida. Las amistades que consigues, las cosas que aprendes, los madrazos que te das en el camino... hasta los enemigos son información valiosa.

Sin embargo, de verdad desearía dejar de detenerme si no es en mi destino. Y en el destino al que deseo llegar, no al Castillo Oscuro donde me llevaron mis malas elecciones y donde inevitablemente me enfrentaré cara a cara con la Bestia en la que se conjuntaron y convirtieron todos mis errores. 

Es cierto que tengo mi espada, forjada en el aprendizaje que he tenido. Y también tengo aliados que me ayuden, amigos que he hecho y familia que aún no me ha decepcionado ni pasado a mejor vida. Pero he visto las huellas del monstruo en el camino de mi vida, y tengo razones para temer que en la batalla habrá bajas que voy a lamentar.

jueves, 7 de mayo de 2015

Madres con madre

Luego de una poco notada ausencia me he decidido por un tema para publicar, aprovechando la fecha y algunas de mis aficiones. 

El Día de las Madres se acerca peligrosamente -y con él, las quinientas y pico serenatas con mariachis para compensar los otros 364 días de pelear con ellas. Sin embargo me pareció un buen tema, para entrar en la fecha, hablar sobre algunas de mis "madres" favoritas.

Todas son ficticias, sí. Esto es un Top Ten, no. Se trata de un texto sobre mamás del cine y la literatura (algunas ultra famosas, otras tal vez no) que quiero compartir hoy contigo que lees esto. Todas son admirables y creo que fácilmente encontrarás similitudes con la persona que te trajo al mundo. 





  • Démeter/Ceres

  • Una de las más famosas leyendas de la mitología griega es la del rapto de Perséfone, la hija de la diosa Démeter. La joven literalmente es robada de un campo de flores por el dios de la muerte, Hades; a partir de entonces su madre se adentra en una búsqueda sin descanso para encontrar a su única hija, búsqueda en la cual el mundo se marchita peligrosamente, junto con sus esperanzas. 

    Es una leyenda que nos habla de lo que puede ser capaz una madre por nuestro bienestar, el éxodo de Ceres (su otro nombre) dura años, antes de poder dar al fin con la pista que la llevó a recuperar a Perséfone del Inframundo.







    • Reina Elinor (Valiente, 2013)
    Si no se habla de Pixar, no se habla de cine pop. Es un hecho de la Naturaleza que en algún momento, todas las chicas entramos en discrepancias con la mujer que nos trajo al mundo. Es parte de crecer y forjarse una personalidad propia, ya sea en la forma de vestir... o en el caso de Mérida, de dejar las armas en la mesa.

    Elinor desde un principio parece una persona rígida y no muy abierta al cambio. Si a esto le añades una corona y matrimonios arreglados, el panorama no mejora mucho. Sin embargo, a lo largo de la película tanto madre como hija logran entenderse y aceptarse como son, y eso a mí me encanta. Es uno de mis personajes favoritos, dentro de cuantos ha creado la casa de animación más grande de Hollywood.

    Además, se parece a mi mamá :)

    • Las Potter Mothers (Harry Potter, J. K. Rowling)
    Me es casi una obligación incluir a la autora que disparó mi necesidad de escribir.

    La saga del Niño que Vivió no sería lo mismo sin el amor de la valiente Lily, quien para empezar da su vida para salvar a su único hijo.

    No parece la gran cosa, cualquier madre lo haría, pero el trasfondo oscuro es lo que cuenta: en algún punto Voldemort menciona el uso de "una magia tan antigua que casi se ha olvidado". Y es que muchos rituales de magia oscura (y a veces hasta de magia blanca) requieren del sacrificio de una vida, humana o animal, para consumarse. Por ello, el hecho de que Lily ofreciera su propia vida para reforzar y concretar su hechizo final, es un sacrificio tan triste y tan grande que protegió a Harry durante años, no solo del Hitler de la magia negra, sino también de sus atroces tíos y cuanta eventualidad se presentó después. 



    Luego tenemos a la adorable Molly Weasley. Nunca falta el amigo cuya mamá se preocupa por toda la pandilla, la que pregunta por todos y los aconseja sin ningún problema. Esa es Molly, la matriarca de los pelirrojos de Gryffindor. No solo se preocupa porque sus siete cachorros tengan lo necesario -y cuando es posible, lo mejor- sino que desde el primer libro de la saga "adopta" a Harry como uno más de la familia. Y ese "not my daughter, bitch!" es simplemente ÉPICO, hasta Stephen King lo dijo.

    Hay una escena en el libro de La Orden del Fénix, la cual es la máxima expresión del amor de Molly por su familia. El boggart de la señora Weasley es uno de los capítulos que más se me han grabado en la vida: mientras Harry y sus amigos viven acuartelados en la casa de Grimauld Place, Molly se ofrece a deshacerse de un invasivo boggart (criatura que se transforma en el mayor temor de uno) que se plantó a vivir en un armario y no sale de ahí. Después de horas, Harry va a buscarla y la encuentra llorando en un cuarto, con un boggart que lo único que hace es transformarse en el mayor temor de Molly: los cadáveres de sus seres amados. Incluido el propio Harry. 

    Es una escena desgarradora que te hace temblar, y aún no conozco al valiente que pueda leerla sin un nudo en la garganta. 

    Para cerrar este punto, tenemos a una madre poco reconocida por la versión fílmica de la saga: Narcissa Malfoy. 

    Sí, es la madre de Draco. Sí, era mortífaga. Pero cuando llegó el momento en que su hijo corría peligro, no dudó en traicionar a la Hermandad a la que había pertenecido toda su vida. Desde Juramentos Inquebrantables (cuyo rompimiento implica la muerte) hasta mentirle Al-Que-No-Debe-Ser-Nombrado y socorrer a Harry, Cissy es capaz de todo para proteger a su familia. 

    No cualquiera tiene el valor de enfrentarse a un monstruo, y las Potter Mothers son prueba de ello.





    • Maja Westermann (La Cabeza de mis Parientes; Ingrid Noll)
    Dudo mucho que conozcas a Maja, a quien definitivamente le dedicaré una entrada completa... algún día. 

    La heroína de La Cabeza de mis Parientes te cuenta su historia de rechazo por parte de su propia madre y hermano. Sin embargo, lejos de podrirse en amargura, Maja se fortalece para convertirse en una fiera madre que hará todo para cuidar de su pequeño Béla, incluso arrojarse a las balas, cuando éste es secuestrado en Sicilia. 

    • Jennifer Honey (Matilda, Roald Dahl)
    Dice un dicho, y dice bien, que es más madre la que cría que la que engendra. Y otro dice que las maestras son las segundas madres -lo cual también es muy cierto.

    Por si no sabías, Matilda es un libro de los años 80 que se convirtió en la película de los 90 que todos conocemos. Uno de los mejores personajes es la maestra Miel/miss Honey; dulce como su apellido y con un pasado triste que sin embargo no la doblega. Matilda, incomprendida por sus frívolos padres, encuentra en ella cariño y comprensión, y hacia el final de la historia, incluso encuentran la una en la otra la familia que siempre les faltó. 

    Miss Honey es otro ejemplo de resiliencia como Maja: tuvo una infancia difícil -en su caso, marcada por la orfandad y la coexistencia con la monstruosa Tronchatoro/Trunchbull.  Sin embargo, no deja de ser una persona llena de amor y esperanza, las cuales comparte con la pequeña Matilda desde el primer momento.


    • Selma (Dancer in the Dark, 2000)
    Entrando en historias mucho más oscuras, encontramos la veintiúnica película de la diosa islandesa Björk. 

    Dancer in the dark cuenta la historia de Selma, una inmigrante checa que se está quedando ciega debido a una enfermedad hereditaria. Bajo estos términos, su hijo está perdiendo la vista también, de modo que ella ahorra hasta el último centavo para que puedan operarlo. A pesar de que a lo largo de la trama, Selma se vuelve víctima de engaños y decepciones, lucha hasta el último suspiro para evitar que el mundo de su hijo quede envuelto en las sombras. 
    Para evitar que como ella, termine bailando en la oscuridad.



    • La madre (Historia de una madre, Hans Christian Andersen)
    El cuentista más grande de todos los tiempos (los hermanos Grimm solo eran copistas traumados, pero eso es para después) escribió uno de los cuentos más desgarradores sobre el verdadero amor de una madre. 

    Una noche, la Muerte entra a una casa pobre y se lleva al hijo de una mujer. A partir de entonces ella le persigue en pos de recuperar a su hijo, encontrando en su camino a la Noche y otros personajes que a cambio de sacrificios cada vez más grandes le ayudan a llegar hasta donde yace el alma de su bebé. 

    domingo, 5 de abril de 2015

    Bad days

    Todos tenemos esa época del año en que nada sale bien.

    La mía es semana santa. El calor es infernal, los insectos te comen vivo, los lugares turísticos están atascados y los locales -al menos en mi ciudad- están cerrados. En algunos lugares lo único que hay para ver es la Procesión -la Pasión, Crucifixión y todo ese sádico y bíblico rollo que en lo personal no encuentro ni disfrutable, ni mucho menos cristiano.

    Y dejando a un lado los detalles públicos, de alguna manera las estrellas se conjuntan en esta semana para que nada me salga como quiero.

    Para pronto, una de mis personas favoritas partió de este mundo un Domingo de Resurreción. Un año antes de su partida, tuve un episodio neurótico muy desagradable (que además se prolongó toda la primavera). Y dos o tres años antes, se declaró una epidemia que hizo cancelarse un concierto que yo estaba esperando desde hacía tres años y que encerró a todo el país en sus casas, así que eso no solo me tocó a mí.

    Este año, todo me deprime. Si bien hoy termina la semana infernal, debo decir que para mí terminó muy mal, aunque de verdad deseaba que este año fuera distinto. De hecho, no pintaba tan mal, aunque no haya visto a ninguno de mis primos/amigos y nadie me avisara que saldríamos de viaje.

    Acabo de regresar a casa y encontré una "sorpresa" por demás desagradable. Lo único que puedo decir al respecto es que si fuera la Soldado, se me habría caído la espada de las manos. Para colmo, estoy sola. Tuve que regresar antes, y ahora estaré sola y herida en lo más profundo del alma hasta dentro de varias horas. No hay nada peor que estar solo cuando estás triste.

    El año antepasado, hubo una persona que hizo las cosas mucho más tolerables, pero esa persona ya no está cerca por cosas que ocurrieron después.

    Se supone que hoy termina mi semana maldita, así que sólo me queda esperar sentirme un poco mejor mañana. Que lo dudo, porque cuando intente voltear, ahí estará "eso", doliendo como ácido en una herida -porque básicamente, es ácido en mi herida. Sólo me queda sobrevivir el resto de las estaciones cálidas y no tener que escribir algo así de nuevo.


    Fe de erratas: en la publicación "La Canción Secreta", mencioné que la canción 17 años era una salsa (es una cumbia). Ups.

    viernes, 27 de marzo de 2015

    La Canción Secreta

    Imagen: Liz Climo
    Creo que puedes hacerte a la idea de cuánto me gusta la música, si bien a ella no le gusto yo (no canto, no bailo ni mucho menos toco, pero mis orejas de conejo la pueden apreciar). Mucho de lo que llevo escrito tiene que ver con ella, y hoy no es la excepción.

    No en vano, la música es el lenguaje universal. Puede hacer aflorar las emociones o expresarlas por nosotros. Es el acompañamiento ideal para casi todas las actividades humanas. Uno no imagina una fiesta sin música, es más, hasta en los velorios se puede uno consolar con la oración cantada.

    Claro que también hay música que nos puede meter en un problema. Ésa que podemos llamar "La Canción Secreta".

    Un ejemplo está en la salsa. La mayoría la baila, yo la escucho; y es impresionante la cantidad de letras que hablan de romances prohibidos y sufridos (17 años, Una aventura, y mi gusto culposo, Un montón de estrellas). La cumbia habla de engaños (cofcof Capullo y Sorullo cofcof Amor de mis amores cofcof) y los géneros propios del Norte mejor nos los saltamos. A menos que a un ser querido le guste muuuuucho cierta canción, lo mejor sería no dedicar algo como eso en el radio.


    Eso sí, no falta quien se pueda identificar -en secreto- con alguna de las letras. O a quien identifiquemos, pero por amistad y cariño mejor no lo decimos.

    Por otro lado, están esas canciones que no nos atrevemos a dedicar. Las que hablan de todo lo que sentimos por cierta persona, y no solo en plan romántico, sino también en plan de odio asesino. Una nos puede llevar a la vergüenza -o al siguiente paso, según el caso- y otra a una golpiza -no importa el caso.

    Podemos dedicar a voz en cuello, por teléfono y en redes, toda una vida de canciones, pero ésa que guardamos con celo en nuestra mente, ésa que suena en el iMind (osea, el ipod mental) cada vez que pensamos o vemos a ÉSA persona, ésa es la que describe en un par de estrofas toda la historia, con todo y los finales alternativos que teje la fantasía. Por lo mismo, a veces es mejor que el otro no la escuche.


    Por último, está esa Canción Secreta que no podemos oír. A veces porque duele, a veces simplemente porque la odiamos, y a veces porque nos mueve fibras que es mejor no expresar ni explicar, por que es de esa información que no debe caer en manos enemigas. 

    Es algo que puede afectar a nivel inconsciente, ya que la relacionamos sin querer con algún suceso que puede ir de lo bochornoso a lo lamentable; aunque no sepamos lo que diga, si nos ponemos a pensar en la sola melodía nos causa algo desagradable. Aún si olvidamos el suceso en sí, el cerebro guardará ese pequeño dato incómodo para hacernos rabiar, llorar o apagar el aparato al escucharla.

    La Canción Secreta es algo muy personal, tanto que lo mejor es que no pase la barrera de los audífonos. Excepto en el caso romántico, es casi como tener una pistola con una sola bala: dispararla -dedicarla- es algo que es mejor no hacer, o hacerlo sólo en el momento correcto, ya que sólo hay un tiro seguro.  



    Finalizo disparando en la oscuridad dos de mis tiros.




    martes, 17 de marzo de 2015

    Soldado

    Muy en el fondo y hasta la fecha me visualizo a mí misma como un soldado. Espada en mano (las armas de fuego son de cobardes) firme, rápida y ágil. Dispuesta a destruir a quien se interponga entre mis deseos y los de mis seres amados.

    A veces la fantasía del soldado es la única forma que tengo de lidiar con mi propio fastidio, con mi propio miedo, y hasta mi odio. No recuerdo cómo inició, pero toda la vida ha sido la contraparte de la "Damisela". Por lo común es verme a mí misma rescatando de un peligro atroz a la persona que amo, dichos peligros cada uno más descabellado que el anterior. De esas fantasías saco el coraje a veces para sobrevivir en el mundo real.

    En la vida práctica soy un conejo cobarde, qué más puedo decir. Me da miedo hasta pedir permiso, y más de una vez tengo que repetir las cosas porque no hablo fuerte. La mayoría de las veces me desespero y grito, y entonces ya valió porque ahora ya no soy tímida, soy una maleducada histérica -debido a que nadie me escuchó las primeras 64 veces.

    La "Soldado" sólo actúa. Dice lo que tiene que decir, a quien se lo tiene que decir. Camina al compás de Life Burns y se lanza a la batalla para que nadie la trate como... como me tratan a mí. No es tibia. No permite que hablen pársel a sus espaldas ni que le ordenen.

    Aclaro que no es una irrespetuosa. Después de todo, un soldado debe tener un código de honor. Pero tampoco se deja faltar al respeto.

    Muchas veces pienso que si de verdad tuviera la espada en la mano me sentiría con más valor. Posiblemente sea una representación de la mente, pero no soy quién para evaluarlo.



    martes, 10 de marzo de 2015

    Fight back!

    Sólo hay una cosa peor que ser maltratado, y es dejarse maltratar. En el peor de los casos ni siquiera te das cuenta de que te estás dejando golpear hasta que ya estás sangrando en el suelo.

    A veces hacemos burla de la gente que no entiende las cosas rápido, pero hay cosas que nosotros mismos no entendemos a tiempo. Sobretodo en cuestión de relaciones humanas. Esa amiga que ahorita te habla bonito, al rato dirá la cosa más hiriente o se aprovechará de ti. La pareja a la que miras con devoción podría hacerte sentir como basura y tú ni en cuenta.

    En el caso de las amistades, hay un término en inglés: frienemy. Cuando te topas con alguien así, lo mejor es salir corriendo, pero la mayoría de las veces te das cuenta por las malas de que tienes un/a frienemy.

    Frases tan horribles como "A nadie le importas más que a mí", son su arma más potente. Esa frase me caló hasta los huesos en una ocasión. Esa misma persona vino a mí llorando meses después suplicando consuelo por lo que ella misma había provocado. Dejé pasar su espantoso comentario (y muchos otros incidentes igual de nefastos) y estuve ahí para ella, pensando que tal vez no era tan mala persona y que las cosas tenían arreglo.

    No pude haberme equivocado más. En lo sucesivo, me apuñaló una y otra y otra vez. No reaccioné hasta que ya era tarde y yo ya no podía defenderme. Hasta que me quitó a quien yo más quiero.

    Alguien a quien yo amé solía tratarme como tonta. Conocía cosas distintas a mi mundo (por eso lo quería) pero como yo ignoraba mucho de lo que él sabía, casi todo el tiempo se le subía "el saber" a la cabeza. Tenía secretos e ideas que nos hicieron mucho daño. Los dejé pasar. Me dejó plantada muchas veces, me convenció de volvernos un romance trágico. 

    Intenté salvarlo de sus demonios. Solo los vi salir a flote.

    La separación fue algo lleno de excusas, de rabia. Fue una suerte que ninguno de los dos llegara nunca a los golpes. Pero ahora, cada vez que miro atrás e intento ver las cosas buenas, las malas se plantan frente a mis ojos para recordarme que no puedo volver a vivir algo así.

    Hay historias de dos seres muy queridos que a la fecha se han dejado hacer pedazos por miembros de su propia estirpe, por motivos que sólo esas dos personas entienden. No importa lo que hagamos los demás a su alrededor para rescatarles, esas dos personas vuelven a la carga una y otra y otra vez. A veces me pregunto si algún día reaccionarán y dejarán de hacerse daño.

    La paciencia tiene un límite. Pero ese límite no debería ser el llanto. No siempre se puede recurrir al ataque físico, pero tampoco podemos dejar que nos hundan. Hasta el perro más fiel morderá si es golpeado. Ni siquiera los conejos mueren sin pelear. Está en la naturaleza que nadie nos falte al respeto a ese nivel. 

    Levántate y pelea, y si es necesario, busca refuerzos, antes de que sea tarde.

    Hacer reír a Dios

    Uno sí se prepara para la vida adulta... sólo que nada te prepara para la adultez que te toca vivir. Desde los once me preparé para ser escr...