Encuentro particularmente catártico el sonido del cristal al estrellarse. Suena muy extraño, pero es el grito que deseo que se escuche cuando yo no puedo gritar.Soy de las que cocinan su ira a fuego lento. Me enseñaron, pese al liberalismo de mis padres, que "una señorita no hace desplantes ni pataletas". Me dijeron siempre que es mejor dejar pasar ciertas cosas. Claro que tuve que aprender yo sola y por las malas a qué ciertas cosas se referían.
De modo que por lo regular no me quejo de nada, por más que arda en rabia. En Facebook, me quejo en finlandés. Hago uno o dos comentarios y me voy guardando todo, de a poco, hasta que en el peor momento estallo en gritos.
Pero mientras tanto, por cada uno de esos momentos, un cristal se quiebra en mi imaginario.
El sonido que produce el vidrio al hacerse pedazos me resulta muy similar al grito humano. Nítido, motivo de alarma. Puedes reconocerlo mucho más rápido que cualquier otro estallido, incluso un disparo. Sabes que es motivo de preocupación, significa que alguien salió herido o que alguien va a recibir un castigo inevitable.
Para mí, es la única manera en que podría expresar todo sin herir sensibilidades. Arrojar una botella vacía y escuchar en el eco del patio como se destruye, y luego pisotear hasta el polvo los pedazos más grandes, para que los gritos sigan y sigan hasta que ya no haya nada que decir. Recogerlo todo y aquí nada pasó.
Es casi un crimen perfecto. Destruir sin herir, sin dañar nada valioso. Por desgracia, casi nunca tengo la oportunidad de perpetrarlo, de modo que me conformo con imaginar que puedo dar un grito tan fuerte y tan agudo que todas las ventanas revientan en pedazos, acallando al enemigo.
Cuando al fin logro dar el grito, no solo no es al enemigo sino que ni siquiera me resulta en un consuelo, y acabo sintiéndome peor que antes. Y no, mi voz no da para tanto.
En otras fantasías, desato mis instintos contra los vidrios a la manera clásica -a batazos. Hasta que no queda nada. Y tengo sueños donde no necesito romper nada: mi cuerpo puede atravesar el cristal sin hacerle nada, en silencio, permitiéndome escapar de cualquier peligro, pelea o situación desagradable, incluso antes de que comience -a veces es más útil ser Damisela que Soldado.
Pero el mundo no es una fantasía, así que hasta que no aprenda a ser realmente valiente, o cínica, o como le llamen ahora, solo me queda el sonido de los vidrios rotos.
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