miércoles, 26 de noviembre de 2025

Frankelda, La Tinta del Alma y el Amor al Arte

"Mi alma es tinta, y mientras siga escribiendo ¡yo seguiré viva!"


El sábado, como regalo de cumpleaños, una amiga me llevó al cine a ver "Soy Frankelda", la película precuela de la serie "Los Sustos Ocultos de Frankelda". Mi amiga es artista plástica y sabía que si alguien iba a apreciarla tanto como yo ese alguien es ella. 

No es broma, salimos llorando del cine. Y no sólo por la historia que es preciosa (ese y el del Joven Manos de Tijera son los únicos finales con el derecho de romperme el corazón) o por la increíble cantidad de referencias artísticas que te tienen jugando como niño a adivinar, desde el primer minuto. Monet, Remedios Varo, Alexandre Cabanel...  

 Salimos llorando porque -y ella no me dejará mentir- "Soy Frankelda" nos habló al corazón como nada lo había hecho hacía años.

Todas las ramas artísticas, incluso aquellas que parecen mas "comerciables", se enfrentan constantemente a la crítica y desvalorización. Y tal cual lo ilustra la película, esa desvalorización es peor cuando el artista es una mujer. Desde críticas hasta robo de nuestro trabajo -QUE CHINGUEN A SU TARJETA MADRE TODAS LAS IA's - pasando por estafas y negociaciones poco beneficiosas.

Artista: Kalisami


Casi siempre, la pedrada ha venido de quien más buscaste apoyo. De tu familia exigiendo que estudies algo que "sí te dé de comer", aunque te coma el alma. De tus profesores mandando a llamar a tus padres porque te sorprenden dibujando, sin entender que de otro modo no te concentras en un tema que ya han repetido hasta el aburrimiento. 

De esos esposos que no perdieron la oportunidad de robar tu trabajo, aprovechando los prejuicios de la época -Scott Fitzgerald chingándose los diarios de Zelda para El Gran Gatsby, Walter firmando con su nombre los cuadros de Margareth Keane, los editores publicando Frankenstein con el nombre de Percy Shelley sin que él defendiera a Mary... 

...pinche Piojustes te odio...
... te odio pinche gordo...
De esa amistad que se ofreció como lector beta y publicó tu borrador con su nombre en internet.

  De esa expareja que, cuando ya no quisiste volver, insultó tu     trabajo porque él nunca pudo escribir algo sin un ácido encima.

  De la editorial que te cobró la "oportunidad", y luego corrigió     tu texto con IA y le quiso meter portada generada. 

  Referenciando al villano de la película, pareciera que la vida      del artista está incesantemente envuelta en telarañas            pegajosas de desaprobación, avaricia e incomprensión, y que      la única salida es complacer a otros. Pero eso sólo es rendirse y dejarse devorar, y si no lo permitiríamos de un animalejo monstruoso como Procustes, menos deberíamos permitirlo de las arañas patonas de la inseguridad y la automatización. 

Artista: Danyael
He sufrido mucha incertidumbre todo este año, con la publicación de JACK enfrenté varios problemas y hasta groserías que me han desanimado mucho, hasta el punto de no saber ni en dónde estoy parada como autora. Frankelda y Herneval (además de darme mucha envidia por lo mucho que se aman) me revivieron las esperanzas y me recordaron quién soy, y porqué hago lo que hago. Porqué escribo. Porqué aún edito borradores viejos, o coso con el hilo de otras ideas las partes rescatables de otros, como en esas cobijas de retazos. Porqué existe éste pequeño rincón de internet que ahora sentiré como mi pedacito del Topus Terrentus, aún si no muchas personas llegan a leerlo. 

Escribo por mí. Porque es mi primer amor y mi pasión más grande. Escribo porque a veces duele, a veces enfada y a veces asusta. Porque así sea una línea o un capítulo entero, nadie más puede escribir mi visión del mundo más que yo, y si esa visión puede ser leída aunque sea por una persona, mejor aún. Y si tengo que pelear contra máquinas que vomitan historias vacías y personas ambiciosas que intentan aprovecharse, o envidiosas que intentan desanimarme, lo haré, porque yo tengo un alma, un estilo y una voz que nunca podrán replicar. 

Pinta por ti. Esculpe por ti. Graba, filma, actúa, compón, toca, canta, dibuja, baila POR TI. Sólo así encontrarás almas afines que aunque no tengan tu visión del mundo, estén dispuestas a ver, a escuchar, a sentir lo que tienes en el alma y leer su tinta invisible.

Remedios Varo - "La Creación de las Aves" 
(inspiración de la noble raza Tecotias, por cierto 💖)

jueves, 23 de octubre de 2025

La fantasía de lo macabro: la fotografía de Annie Bertram

(Entrevista publicada originalmente en Febrero de 2019 para Revista Oscvro)

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En algunas culturas, existe la creencia de que las cámaras fotográficas se roban el alma de las personas que retratan. Sin embargo, hay fotógrafos, auténticos artistas, que ponen su alma sin dudarlo en cada imagen. Ángeles y demonios, brujas y príncipes, personajes de fantasía y pesadilla han desfilado durante 20 años frente a la lente de la alemana Annie Bertram quien, en esta ocasión, comparte algunas palabras con nuestra redacción.

Hablemos sobre ti, ¿cómo inició todo? ¿Qué encendió la chispa?
Mi viaje comenzó hace mucho, cuando tomaba clases en la Hochschule für Grafik und Buchkunst en Leipzig, hace más de 20 años; pintaba antes de ser fotógrafa. En un cumpleaños me pidieron tomar una foto con una cámara profesional SLR y ahí fue donde comenzó mi fascinación. Inicialmente tomaba fotos de cementerios, lugares abandonados y gente gótica, para revelarlas en mi pequeño cuarto oscuro. Años después, conseguí una cámara digital y pude comenzar a editarlas en la computadora, lo que por fin me permitió combinar mis habilidades para pintar y fotografiar. Por ello me gusta llamarme "Artista de fotografía".
En 2003 publiqué mi primer libro “The colour of dreams”, seguido de mi libro de cuentos “Wahre Märchen” en 2008. Luego llegaron mis primeras exhibiciones en la Strychnin Gallery en Berlin, y en el HR Giger Museum en Suiza. 
Blutengel, Diary of Dreams, Diorama, In Strict Confidence y muchos más me han dado la oportunidad de colaborar con ellos para sus sesiones de promoción. En 2011 se publicó mi tercer libro “Obsolete Angels”, seguido de “Wahre Märchen 2” en 2014.
 
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Tu trabajo abarca de la fantasía a lo macabro, en su mayoría combinados en sorprendente armonía, ¿cómo consigues este contraste?
La vida tiene 2 caras, tenemos días soleados y felices pero también días tristes. La vida y mis sentimientos son lo que me inspira más.
 
¿Cuál ha sido tu mejor experiencia detrás de la lente?
Trabajé como voluntaria para la organización “Recover your Smile”, ofreciendo clases y sesiones fotográficas para pacientes con cáncer, para llevarles felicidad a mi manera. Esa fue mi mejor experiencia.

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Apelando a tu vanidad, ¿Cuál consideras que es tu mayor orgullo?
Ser capaz de desarrollar mi arte, a mi manera. Estoy orgullosa de lo que he logrado en los últimos 20 años, mis libros, las exhibiciones, la gente con la que he trabajado...

¿Qué te inspira? ¿Podemos encontrar alguna influencia en tu trabajo?
Me ispira la vida diaria y cuanto sucede en mi alma. Me gusta escuchar música en el proceso, lo que también ayuda.
 
¿Cuál ha sido el mayor sacrificio que has hecho en afán de conseguir tu sueño?
Durante una sesión sufrí un accidente horrible, estuve a punto de perder un dedo y tuvieron que hospitalizarme.

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¿Te has topado con algún obstáculo en el camino?
Casi todo viaje tiene obstáculos, tal vez es bueno tenerlos.

El año pasado (2018) pudimos apreciar tu colaboración con la banda Blutengel (Surrender to the Darkness) ¿veremos más videos con tu firma en el futuro? ¿Algún cortometraje o película?
Me encantaría hacer más videos en el futuro y estoy abierta a nuevas colaboraciones, aunque he realizado muy buenos proyectos en el pasado. 
 
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¿Hay algún sueño que te falte por cumplir?
Retratar a Brian Molko de Placebo.
 
¿Qué sigue para Annie Bertram?
¡Amar, vivir y crear!



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viernes, 22 de agosto de 2025

Historias de amor... ¿didas?

¿Cuánto del romance escrito por mujeres realmente le pertenece a las mujeres?

En el último par de años, el romance y sus subgéneros finalmente han vuelto a ganar terreno en las librerías; y tanto desde el fanatismo como desde la autoría eso casi me alegra...

No me malentiendan, quien se ha pasado por aquí sabe que soy una romántica insufrible. Y me alegra ver que un género tan lleno de estigmas (que para colmo, es víctima del pink tax) tenga este resurgimiento tan merecido de la mano de autoras mujeres, peeeeero pareciera que para lograrlo se han hecho sacrificios bastante cuestionables.

Por poner el ejemplo más fresco, apenas hace una hora he visto en mis recomendaciones Firebird de Juliette Cross. Ambientado en una Roma alternativa con dragones (de la falta de originalidad reciente hablaremos después), un centurión y su esclava-concubina dacia se enamoran. Por poner el ejemplo más viejo, la portada de Haunting Adeline pareciera romance gótico con fantasmas, pero se trata de una chica que se enamora (?) del acosador asesino que se mete a su casa cuando quiere. Entre medias, existe una cosa que se llama Mafia Romance, que por algún motivo encuentra bastante deseable ser secuestrada por la Bratva y rescatada por la Cossa Nostra - u olvidarse del rescate y disfrazar de BDSM lo que en realidad es un método de tortura, con la excusa del consentimiento dudoso. Y todo ello aderezado con escenas de sexo cada diez páginas, que o todas son iguales o cada una es más inverosimil que la anterior. 

Sé que lo último suena bastante puritano, pero el sexo mal escrito es el menor de los problemas. De hecho, como ya es un tema muy tocado ni siquiera me voy a adentrar en el exceso del mismo para compensar la falta de trama y desarrollo técnico. El verdadero problema es que para ser literatura femenina, el nuevo romance en realidad está cada vez más cerca y más a favor del machismo más viejo y rancio. 

Dinámicas de poder y diferencias de edad tan desiguales como el sueldo que perciben tú y tu colega hombre. Aceptación y romantización de conductas violentas o peligrosas que van desde el acoso hasta el uso de armas blancas o de fuego como juguetes sexuales (como si a la idiotez le faltasen ideas...), protagonistas mujeres que renuncian casi por completo a su autonomía (o que por ser menor de edad o víctimas de trata NO LA TIENEN) para que el interés romántico las rescate o mantenga...

Literalmente todo lo que el feminismo ha luchado por cambiar o erradicar durante años, ahora se nos está vendiendo como algo deseable. Porque el tipo será un jefe de la mafia buscado por narcotráfico y homicidio, pero ¡hey, le compró la joyería entera donde solía trabajar! Podrá ser el conquistador que diezmó al pueblo de la chica, pero ¡mira que pectorales! O podrá amenazarla de muerte desde el segundo en que la conoció pero ¡oh, ha abierto en canal al ex que -increíblemente- la trataba aún peor!

Y esto sólo enfocándonos en el Dark Romance, pero en otras historias tenemos relaciones que directamente empiezan con un acostón sin saber ni el nombre del otro, o historias en las que durante todo el bendito libro el "interés romántico" es incapaz de interactuar con el/la protagonista sin ser cínico o un pasivo-agresivo que no puede dejarle a la otra persona un consejo que no venga con un insulto a su forma de hacer las cosas; y que a pesar de estos tratos y groserías se enamoren. Y para echar sal a la herida, hay un tercero en discordia que sí está interesado y trata bien al/la protagonista -puede que incluso ya estuvieran juntos de principio- y o se queda con un palmo de narices o termina convertido en el personaje más aborrecible de la trama, para justificar la existencia del verdadero interés romántico.

Y así, buscando crear al siguiente Darcy terminan reproduciendo a Heatcliff o a Catherine Dollanganger. Diferentes tonalidades del mismo color.

Que sí, todos estos libros están escritos por mujeres, pero eso no parece influir un cambio positivo; algunas incluso son personas bastante perturbadas (ni me voy a meter en eso, pueden ver la información aquí) y todas se escudan en el argumento de "sólo es ficción / es un fetiche / son gustos". Sin embargo, para que estas historias lleguen hasta nuestros libreros hay toda una maquinaria editorial que rara vez es conducida por mujeres.

Para que un libro llegue a tus manos lo primero es que una editorial acepte el manuscrito, y desde ahí ya nos falló el primer filtro. Con tal de conseguir una rebanada del pastel de la fortuna, incluso sellos de renombre son capaces de aceptar lo primero que les llegue con tal de que lo puedan etiquetar como el género de moda. Tras los procesos de edición y corrección (que deberían servir de segundo filtro) y la maquetación (en la que se eligen esas portadas inofensivas de color rosita que esconden tanto mugrero) se lleva a cabo la publicidad, y si había un chance de al menos vender el libro con las debidas advertencias o enfocar la publicidad a un demográfico adecuado, se lo venden a quien sea, anunciándolo con los tropes más populares del momento. Ya ni se molestan en poner la reseña. 

En cuanto a los círculos y certámenes editoriales liderados por mujeres, sorprendentemente varios resultan alérgicos al género del romance, lo cual sólo alimenta el problema, pues al negarse a participar también nos privan de la posibilidad de elegir mejores historias con perspectiva femenina -a menos que sean sáficas y a éstas francamente ni me les acerco. Ésto en particular lo escribo desde mi propia experiencia buscando editorial para Meridienne.

Como siempre, la responsabilidad final recae en el lector, pero si desde un principio las lectoras no tenemos la oportunidad de realmente elegir mejores historias de amor, ¿en serio nuestra única opción es elegir de los males el menor?

Igual me niego a terminar este ¿ensayo? ¿reflexión? con una nota negativa, así que si algo puedo aportar es que sí, sí hay historias de romance nuevas, hechas por mujeres y bien hechas. La cuestión es que la mayoría optan por la autopublicación o por editoriales pequeñas, pero sí existen.

Y mientras les pido, de una romántica a otra, que elijan sus lecturas con conciencia y responsabilidad. Que la censura es menos y ya podemos leer cosas explícitas y sexys en paz, ¡Aleluya por eso! pero que eso no nos nuble el juicio de permitir que nos metan ideas retrógradas sólo porque nos las sirva un protagonista inspirado en Andy Biersack. 



martes, 29 de abril de 2025

Grettel

 -¿Estás herido, terroncito?

Sosteniendo una linterna de las antiguas de aceite y envuelta en un chal de color rosa, la mujer que se había asomado al hueco fangoso donde los grandes lo habían tirado después de acorralarlo hasta el bosque en las bicicletas y golpearlo le extendía una mano con sortijas relumbrantes en cada dedo, que el niño tomó desesperado, hipando las últimas trazas de un llanto humillado y asustado.

Lo que pintaba para ser el Halloween más horrible de su corta vida parecía haber llegado a su fin con esas tres palabras. Desde que se mudaron ahí, los grandes -tres buscapleitos de los grados superiores en la escuela- la habían tomado contra él, por venir de fuera, por su acento, por su ropa… por no tener mamá. Y para colmo papá murió una semana atrás, dejándolo con una madrastra con la que no se terminaba de llevar – no era mala con él, pero aún estaba demasiado deprimida para prestarle atención; de otro modo los grandes no se le hubieran acercado, ni robado su mochila con sus cosas y los pocos dulces que acababa de juntar. Temblaba de frío, y tanto su disfraz de fantasma como la ropa de debajo habían acabado hechos una desgracia de lodo y cosas pegadas. Sabía que era el bosque circundante a la ciudad, pero las únicas luces venían de la luna llena entre las ramas y de la linterna de la mujer, que ahora lo cubría con su chal -podía jurar que el suave tejido olía a caramelo- y se lo llevaba de ahí cuanto antes, con palabras tiernas para calmarlo.

No tardaron mucho en llegar a una cabaña pequeña, iluminada por la luna de tal forma que parecía galleta espolvoreada de azúcar, con las ventanas irradiando una cálida luz ámbar. Desde afuera parecía que había muchas luces encendidas, pero una vez dentro pudo ver que sólo había una chimenea encendida al fondo de una única habitación, sobre la cual hervía una olla muy grande y tapada que despedía un olor desagradable.

-Ignora eso, terroncito, es solo un guiso quemado – la mujer lo sentó en la cama y le sirvió una taza de humeante chocolate y bizcochos de calabaza, para correr de vuelta a la olla y removerla un rato. – ¿Pero qué hacías tú solo en el bosque? ¿Y tus amigos?

La última pregunta se sintió como un pinchazo en el corazón, y el niño trató de ahogarlo con un trago al chocolate, pero el líquido pareció terminar de derretir las palabras congeladas en la garganta que los adultos a su alrededor estaban muy ocupados para oír, y sin poder detenerse le contó todo desde esa noche hacia atrás. La mujer lo escuchaba sin dejar de hacer cosas a su alrededor, como volver a llenarle la taza, sacar una pijama seca de un cajón y quitarle los zapatos y el disfraz de fantasma hecho jirones para dejarlo secar en el respaldo de una silla junto al fuego. En otras circunstancias hubiera protestado y dicho que ya no era un bebé, pero por dios que se sentía tan bien importarle a alguien después de tanto…

Sólo lo interrumpió un golpeteo metálico bajo sus pies, al que la mujer contestó con furiosos zapateos.

-Se metieron unas ratas al sótano -le explicó sonriendo, mientras al fin tomaba asiento a su lado y lo acomodaba en la cama. -Hacen ruido en la alacena, pero ya les llegará la hora. Y dime, ¿porqué estabas en ese hoyo?

El niño no respondió enseguida, apretaba en sus manos la suave sábana de franela para darse valor:

-Los grandes... dicen que hay una bruja en el bosque… -la respiración se le aceleraba de sólo pensarlo, sintiéndose acorralado una vez más por el solo recuerdo- dijeron que querían verla y me echaron como carnada. Para que me coma.

- ¿Aún dicen esas cosas? - la carcajada de la mujer llenó la habitación y la nostalgia llenó sus ojos. -Recuerdo que decían lo mismo cuando yo era niña …

- ¿Y sí? -la mujer acarició su cabeza con cariño, arañando levemente el cuero cabelludo con las uñas.

-Ya no. Un par de ladrones la quemaron hace muchos años, con todo y su casa, y se llevaron sus tesoros. – La mirada de su anfitriona se perdió mirando por la ventana hacia la pálida luna de octubre. – Sabes, uno nunca debe meterse con las brujas. Si les robas te cae una maldición, y si matas a una estarás condenado a tomar su lugar en las legiones de las sombras…

El niño tragó en seco, sintiendo el estómago repentinamente hueco pese a haber acabado con los bizcochos de calabaza. No sabía si era por el relato o por la forma en que la sonrisa de la mujer se disolvió en una respiración pesada y los ojos, abiertos de par en par, le brillaron con una chispa de inconfundible odio…

-Pero también hay brujas buenas, ¿verdad? Eso dice mi madrastra…

-Lo intentan. Te juro que lo intentan -cuando le volvió a sonreír, la expresión nuevamente suave de pronto le pareció una máscara. Le acomodó la almohada y lo arropó con el chal rosa sobre la colcha. El aroma a caramelo lo reconfortó tanto que los párpados le pesaron enseguida – Descansa, terroncito. Alguien vendrá por ti en la mañana.

 

Pero en la mañana lo despertó el rocío.

No estaba en el hueco, pero tampoco en la cabaña. Despertó hecho un ovillo entre las raíces de un árbol, con el disfraz de fantasma aún puesto y a sus pies, su mochila y la bolsa con dulces. El sol apenas comenzaba a salir, abriéndose paso en la bruma.

¿Cómo llegó ahí? ¿Lo había soñado todo? Quizás huyendo de los grandes se había tropezado y golpeado la cabeza. O se había cansado y desmayado ahí…

El timbre aterrorizado en la voz de su madrastra hizo eco en todo el bosque; sólo entonces fue consciente de las voces a lo lejos, clamando su nombre y los de los grandes. Muy pronto la pudo ver, linterna en mano, con la misma ropa del día anterior, el pelo revuelto, las botas sucias de fango y la desesperación en la mirada ojerosa e hinchada, que se esfumó en cuanto hicieron contacto visual.

- ¡Hansel! -su madrastra se arrodilló a su lado, hecha un mar de llanto y abrazándolo con tanta fuerza que creyó que le rompería un hueso. -perdóname… debí venir contigo, perdóname…

Se dejó abrazar, y se permitió abrazarla, sintiendo el alivio relajar sus músculos y sus dedos cardar su cabello. El niño cerró los ojos, y dejó las lágrimas correr también, sintiéndose a salvo al fin.

Pero la paz que habían empezado a sentir se disolvió en el grito agudo que llenó el bosque, y que convocó a la horda de vecinos y policías que habían acudido a buscarlo. Ambos se quedaron quietos por un rato, hasta que sin soltar el abrazo su madrastra se echó las bolsas al hombro y lo cargó para acercarse con cautela a la fuente de los gritos, a un desnivel algo alejado de donde estaban. Ahí, renegrido de ceniza y semi destruido, había un casco de chimenea, y un hueco con suelo de madera que tal vez fue un sótano en mejores tiempos.

- ¡Aléjense! - gritaban los oficiales, uno de ellos, rodeando el lugar con cinta amarilla. Los perros aullaban a la par de las vecinas horrorizadas. El niño trató de ver, pero su madrastra le tapó los ojos, haciendo que volteara hacia atrás.

Ahí, con su dulce sonrisa, sus dedos y el chal rosa batidos de rojo, estaba la mujer de la cabaña.

No dijo nada. Sólo le guiñó un ojo y con un dedo sobre sus labios pidió silencio, antes de darle la espalda y recoger del césped las tres cabezas cercenadas de los grandes. 

La siguió con la mirada hasta que se perdió en la niebla, dejando un rastro rojo como el jarabe de cereza tras de sí. 

miércoles, 15 de enero de 2025

¡Noticias!

¿Debí escribir esta entrada mucho antes? Probablemente sí.

2024 resultó ser un año de extremos para mí. Canté victoria muy pronto y a mediados de año me rompieron el corazón -y ésta vez me lo gané. Entré a un trabajo en el que a veces tengo tiempo para escribir y a veces no sé ni cómo me llamo. Estuve deprimida por meses. Fui a un concierto en diciembre por primera vez en seis años. 

Y en medio de todos estos eventos, finalmente conseguí la publicación de mi libro.


La euforia y la ansiedad se me combinan en el cerebro. Me abruma pensar en todas las nuevas responsabilidades que llegan con este tan anhelado sueño, y me entristece que la persona con la que más quería compartirlo ya no esté conmigo. Pero también me emociona pensar en que después de tanto sufrimiento -computadoras virulentas, lectores beta hijos de puta, bloqueos de escritor, una pandemia y la imposibilidad de conseguir editor EN MI PROPIO PAÍS- un sello editorial me tendió la mano para cumplir el sueño de mi vida. Lo que implica tener un perfil oficial en su página, en el que escriba de vez en cuando.  Lo voy a intentar, pero no se me ocurre nada que pegue con la seriedad que se espera de un escritor profesional. 

Cuando llego aquí, a mi blog, a mi casita, las palabras fluyen como siempre, así que este blogsito viejito (que en febrero cumple 10 años -¿¿pero en qué momento??) seguirá en pie. Si lo pudieron notar, ahora hay dos autores en el perfil: mi yo de siempre (Damisela) y la nueva yo profesional que escribe estas líneas. En este segundo perfil pueden escribirme sin problemas.

Mi libro se llama Jack, justo como el cuento que está publicado aquí. Ese cuento se convirtió en una semilla que creció y ramificó en una historia mucho más extensa, regada con música punk y podada con muuucha paciencia e insistencia. He hecho incluso la portada, que no es por nada pero me ha quedado brutal. Mi único coraje es que mi ídolo Carlos Ruiz Zafón partiera de este mundo a la semana de ponerle el punto final, así que mi sueño de conocerlo y echar tertulia de nuestras respectivas obras será para otra vida, pero si ustedes quieren leerlo y platicar, estaré más que complacida. 

Por último, y sé que esto no es algo muy común, dejo aquí los enlaces para que lo consigan, y mis perfiles de Instagram y GoodReads para que platiquemos más a gusto. Seguiré publicando por aquí de vez en cuando. Gracias a ustedes por el apoyo y el cariño :)

Instagram
GoodReads
Librerías Gandhi
Librerías Gonvill
Editorial ExLibric

jueves, 24 de octubre de 2024

A.

Te hice daño.

Te prometí valor y en su lugar te di excusa tras excusa.

Te prometí estar y no lo hice.

Te prometí responder y te dejé esperando.

Era tan feliz a tu lado pero sin dar a cambio lo correcto.

Mi soledad ya no pesaba tanto porque comencé a apoyarla sobre tus hombros.

Fui egoísta y tomé todo de ti.

Ahora mi corazón vaga por las calles gélidas.

Asomándose a tu puerta pero con miedo de tocar.

Suplicándote perdón desde el silencio más cobarde y patético.

Soy un fantasma medio vivo.

Un vivo medio muerto.

Con hambre.

Con sueño.

Con hambre de besos.

Cazando el sueño porque sólo ahí tus brazos aún se abren para mí.

Mirando de lejos como un flaco pajarillo,

Esperando la migaja de amor que se caiga,

Para volver a probar el dulce de tu cariño.

lunes, 19 de agosto de 2024

Dark Romance


-... lo siento... lo siento... lo siento...

El susurro se repetía una y otra vez, junto con un extraño sonido terroso. Al principio pensó que soñaba, pero conforme los ruidos se acercaban a él fue consciente de dos cosas: la primera, que él no había soñado ni estando vivo, y la segunda, que el susurro venía de afuera. Y de arriba. 

-... lo siento... lo siento...

Una voz de mujer, quebrada de llanto y desesperada, pero fuera de ese único y lastimero mantra y del cada vez más claro sonido de una pala moviendo tierra, no parecía que hubiera alguien más. Aparte de él, por supuesto, y a saber cuánto tiempo llevaba ahí. 

Un golpe metálico hizo vibrar la tapa de su cajón, seguido de piedritas cayendo sobre la madera podrída y la voz alejándose, indicando que ella había salido del hueco cavado; con eso decidió que era el momento perfecto para salir, saludar y tal vez hasta cenar. La tapa era tan vieja que se partió en pedazos en cuanto la empujó para salir, dándole más o menos una idea de cuánto tiempo llevaba metido ahí. Nada mal para un sueño reparador, además de que probablemente quienes lo habían metido ahí en primer lugar ya estaban muertos y no volverían a molestarlo. Se estiró, se puso de pie y se sacudió la ropa, que por desgracia no resistió tan bien como él las condiciones bajo tierra. 

Eso lo molestó bastante, primero muerto que presentarse ante una dama con esas fa... bueno ya qué.

El cielo nocturno le sonrió en constelaciones, y el ulular del viento le dio la bienvenida al decadente cementerio familiar, en una alta colina. Desde ahí vio a lo lejos el paisaje de la ciudad, por supuesto muy diferente y mucho más brillante de lo que recordaba, pero seguía ahí, fiel como Caronte al Estigia. Salió de la tumba impulsándose de un tirón y siguió inspeccionando con la mirada el lugar, iluminado sólo por la gentileza de la luna, pero antes de encontrar lo que buscaba, un grito de horror y el tumulto de una caída lo hicieron voltear con tal violencia que su cuello dio un crujido para finalmente encontrarla. ¡Vaya si los tiempos eran otros! Llevaba pantalones de una tela gruesa que jamás había visto, y unos zapatos de interesante estructura que supuso originalmente blancos, pero que ahora estaban cubiertos de tierra como ella. Era flaca como un dedo, había caído de sentón sobre el pasto, el largo pelo le cubría parcialmente la cara y aparte del tremor que la recorría visiblemente, no parecía que se fuera a mover de su lugar. La pala, que ella buscaba con la mirada, estaba a los pies de él. 

-Buenas noches- saludó con cortesía y una inclinación, aunque sintiendo la garganta pastosa por falta de uso.-Un poco tarde para hacer jardinería, ¿no lo cree?

Ella no contestó, y él no esperaba respuesta. En todo caso, no sabría como sostener la conversación sin que se volviera incómodo, pero igual le dedicó una sonrisa leve, si la asustaba más la sangre se amargaría, y la de ella tenía un aroma demasiado dulce y apetitoso para echarlo a perder de esa forma.

Al menos hasta que le llegó el otro olor a sangre, y la sonrisa se le borró por completo. Un olor fermentado y asqueroso, medio diluido en alcohol pero no lo suficiente para pasar desapercibido, que venía de un bulto envuelto en una sábana detrás de ella. Los detalles de la escena se le revelaron como las estrellas al disiparse las nubes: el camino de pasto aplastado por el que lo arrastró, el ojo morado que el cabello no cubría, el labio hinchado y partido,  las mejillas sucias de llanto sin limpiar, la sangre en su ropa. Si ella ya estaba aterrada, era el turno de él de palidecer de horror. 

-...perdón, señorita-dijo por fin.-Debí darme cuenta que necesita ayuda.

En cuanto él dio un paso hacia ella, su primer instinto fue hacerse un ovillo y cubrirse con los brazos de un golpe que jamás llegó. Por el contrario, escuchó la hierba crujir bajo sus pasos y los ruidos sordos de una carga siendo levantada. Se asomó para verlo echarse el bulto al hombro como si fuera un saco de harina y llevarlo al hueco de la tumba recién cavada para tirarlo ahí sin ceremonia alguna. Ella se arrastró hacia la pala, y usándola para impulsarse se puso de pie.

-Lástima, era un lecho muy cómodo- suspiró con más drama que pena, quitándose el chaleco manchado de sesos escurridos y limpiándose el resto de la ropa antes de tirarlo dentro también. -Espero que haya estado disculpándose conmigo y no con esa... rata en formol, que claramente se merecía lo que le pasó.

-... t-tú... ¿m-me... me es... c-cuchaste?

Si era posible, la voz de ella sonó aún más baja, tanto que por poco no la oyó. Sostenía la pala con tanta fuerza que sus dedos quemados de cigarrillo se le habían puesto blancos, pese a que seguía temblando parecía lista para asestarle un golpe en cuanto se le acercara. 

-Fue lo que me despertó, a partir de cierta edad uno se hace más sensible a todo -explicó estirando una mano hacia ella, quien retrocedió por reflejo con un chillido y en lugar de golpearlo adoptó una postura defensiva- ¿me permite la pala, señorita?

Sus ojos se posaron en aquella mano pálida, con uñas tan largas y afiladas como las garras de un halcón. No se movió de su lugar, pero relajó de a poco su agarre sobre la pala hasta que él la tomó con suavidad y se alejó para empezar a rellenar la tumba. El frío de la madrugada le traspasó el suéter, se abrazó en busca de calor y se sentó sobre la lápida más cercana, vigilándolo atentamente. Era flaco y escuálido, lo que no se correspondía con su fuerza, su ropa estaba hecha jirones y su pelo largo, sucio y enmarañado junto con sus afiladas uñas le daban un aspecto bestial, junto con sus ojos hundidos y refulgentes. Olía a tierra mojada y madera mohosa, pero ¿quién era ella para juzgar?

-...¿p-porqué me ayudas?-de a poco su voz recobraba volumen, aunque sin perder la nota de miedo y precaución.-¿n-no-no vas... a matar...me?

-Lo haría, me muero de hambre- se detuvo un momento para mirarla a los ojos y dedicarle una sonrisa franca y tan amable como se lo permitieron los colmillos- pero no soy un salvaje. Jamás lastimaría a una dama que necesitara mi ayuda tanto como usted esta noche. Y temo que en este punto su sangre ya está muy amarga para mi gusto.

Al terminar, se guardó algunos puñados de tierra en cada bolsillo que le quedaba entero. Sacudiéndose las manos volvíó a buscar con la mirada en la lejanía, pero al dar al fin con lo que buscaba, el corazón se le hundió tanto como los ojos. Siguiendo su mirada repentinamente apagada, ella vio por fin el casco de ruinas de lo que alguna vez fue una gran mansión. La hiedra, el tiempo y tal vez los saqueos la habían reducido a unas cuantas paredes sin techo. De alguna manera, ver el desamparo en su rostro le permitió por fin sentir algo más que aprensión:

-...debió ser... una casa hermosa- susurró suavemente.

-Sabía que pasaría, solo... no sabía que fuera a doler tanto -suspiró hondo para contener la tristeza y dedicarle otra sonrisa. - Esperaba invitarla a pasar, pero verá que ya no es posible. Si me disculpa, temo que aquí es donde nos separamos.

Se despidió con una reverencia y se dio media vuelta, pero antes de dar un paso sintió un leve, casi imperceptible tirón en la manga. El olor amargo de su sangre poco a poco se disipaba.

-...sabes... mi pareja no llegará a casa hoy... pero tal vez sus amigos... se mueran por conocerte y... 

El volteó a verla, enarcando una ceja entre la diversión y la sorpresa.

-Señorita... ¿acaso acaba usted de invitarme a cenar?

-Es-es posible... -farfulló, un furioso sonrojo cubriendo su rostro- ...los tiempos cambian, ¿sabes? 

Él soltó una carcajada que resonó en la oscuridad, antes de ofrecerle su brazo y marcharse del panteón tranquilamente. 

Y hay quien dice que la caballerosidad ha muerto.


Hacer reír a Dios

Uno sí se prepara para la vida adulta... sólo que nada te prepara para la adultez que te toca vivir. Desde los once me preparé para ser escr...